Gárgolas y quimeras según Tony Fondeur y Aquiles Azar

La temporada prenavideña multiplica las exposiciones en galerías, museos, centros culturales, pero a menudo se limitan a exhibir obras bi o tridimensionales, las cuales, aun siendo de gran calidad, no proponen un nuevo tema, una idea, una fantasía, susceptibles de asombrar.

Rompiendo con esa rutina anunciada, “Gárgolas y quimeras”, con fotografías de Tony Fondeur y dibujos de Aquiles Azar, tienen una originalidad particular: su contenido se refiere a las célebres figuras, tan fascinantes como monstruosas en su mayoría, que surgen desde distintas partes y alturas de Nuestra Señora de París, a la que en adelante, le dejaremos su apellido francés de “Notre-Dame”. Emblemática y magnífica iglesia gótica, la catedral de París ha causado y sigue provocando la admiración de centenares de artistas que la convirtieron en fuente de inspiración.

Entre conjunto arquitectónico y elementos que la componen y/o lo adornan, unas extrañas esculturas de piedra siempre atraen poderosamente la mirada: ¡son las gárgolas!

Algo necesario de historia. No cabe duda de que la insólita conjunción de pasado y presente, de fotografía y dibujo, motiva un interés especial, ¡sabiendo que los protagonistas de hoy son Tony Fondeur y Aquiles Azar, y los de ayer las gárgolas de Notre-Dame de París!

Según la leyenda, éstas eran dragones viviendo en lodazales, animales malévolos, alados. Así lo sugieren estas famosas gárgolas. Técnicamente, eran… tubos de escape. Conductos salientes y horizontales, soldados a la arquitectura, permitían que el agua de lluvia corriera hacia afuera.

Artísticamente, sus magistrales escultores anónimos las representaron con rostro aterrador, alas de murciélago, patas ganchudas… Esas criaturas, adrede de semblante maligno y esculpidas en el siglo XIV, evocaban los avatares de la condición humana.

Curiosamente, provocando el terror, debían proteger a la gente del mal y el pecado en un mundo medieval en el que la religión se mezclaba con las supersticiones.

Con los siglos, los cientos de gárgolas, casi destruidas, habían perdido su poder, al igual que la Edad-Media significaba un atraso bárbaro desde el Siglo de las Luces.

El Romanticismo y Víctor Hugo, con su obra maestra “Notre-Dame de París” las resucitaron, teniendo su héroe, Quasimodo, ¡una cara de gárgola!

A menudo, las Gárgolas se confunden con otras esculturas llamadas quimeras.

A mediados del siglo XIX, el arquitecto Viollet-le-Duc restauró la catedral y, a las gárgolas reparadas, agregó una serie de estatuas diabólicas, destilando ferocidad y humor negro, con fines aparentemente decorativos, pero también caricaturas sociales: las 54 quimeras. Situadas en una galería del edificio, altas, verticales, simbiosis de bestias y hombres, sobresalen e impactan definitivamente.

Sobre la exposición. Gárgolas y quimeras son temas de ambos expositores. Tony Fondeur las retrató en París, y una selección de esas fotos fue llevada al dibujo por Aquiles Azar. La museografía de la Quinta Dominica es ejemplar.

Tony Fondeur se destaca en fotografía por imágenes en busca de exotismo y de mensajes, tanto sociológicos como geográficos. Sus vistas de Notre-Dame tienen valor de documento, pero jamás descuidan estética ni técnica, esa última íntimamente asociada a la concepción y experiencia fotográfica del artista. Las gárgolas parisinas le golpearon visualmente, como si se tratara de una nueva especie de… bestias salvajes, ¡a quienes cazó o protegió con su lente! Nada podía expresar mejor texturas y detalles, luz y sombra, que el blanco y negro, y esta excelente serie distingue a un seguidor consagrado, tan contemporáneo como tradicional, quien recrea magistralmente “personajes”, tantas veces fotografiados… ¡Reconocerlos es un deleite!

Evidentemente, era el tema ideal para Aquiles Azar, autor de un bestiario fabuloso multiplicado al compás de los años. Así mismo, él plasmó, con líneas de admirable fluidez y soltura, esa etnia de monstruos feos, enternecedores y atractivos. Gárgolas y quimeras eran, para él, modelos soñados, criaturas ominosas, antropo y zoomórficas.

Él las vio en París y se había impresionado inmensamente. Las recordaba… Aquiles no pudo resistir ahora las “embestidas” fotográficas de Tony Fondeur, y nuestro mayor virtuoso del trazo les comunica una vida fantástica, con contornos de filigrana y ojazos negros, dejando a la imaginación su volumetría.