Genocidio en Líbano

UBI RIVAS
El Estado de Israel realiza un virtual genocidio contra Líbano con el pretexto de destruir los santuarios de Hizbulá, unos de los segmentos que ondea el pendón de la guerra con el propósito de obtener un hogar nacional definitivo para el pueblo palestino. Es el mismo derecho que adujeron los grupos armados israelíes Irgún y Stern durante el final del Mandato Británico que administró Palestina desde 1917-1947 cuando asumió el relevo hegemónico de 1517-1947 del Imperio Otomano.

El Irgún, que lideró el luego primer ministro Menachen Begin, explosionó el hotel Rey David de Jerusalén y asesinó al conde sueco Folke Bernadotte porque investido por las Naciones Unidas para rendir un informe sobre la situación en Palestina en 1947, determinó que todas las tierras adquiridas por los hebreos a los palestinos fueron en forma fraudulenta é impositiva y debían devolvérselas.

Es lo que hoy Hizbulá. Ezzedin Al-Kasaan, las Brigadas de los Mártires de Al Agasa, Hamás, Al Fatha, reivindican en relación a los acuerdos de Oslo de 1993 que fueron refrendados por Wye River en Washington, D. C., ese mismo año por el presidente Bill Clinton, el premier Yitzak Rabin y el rais Yasser Arafat.

Esos acuerdos como todos los anteriores y posteriores han sido desacordados unilateralmente por el Estado de Israel, con el apoyo permanente de los gobernantes norteamericanos, sin el cual no hubieran podido nunca asumir la posición arrogante, prepotente y humillante de siempre.

El Estado de Israel ha mantenido, contrario a esos acuerdos de referencia, que concede a los palestinos la Franja de Gaza y Cisjordania la llamada Autoridad Nacional Palestina (ANP), fase preparatoria para proclamar el Estado Palestino, centenares de colonias judías en esos territorios, un acto de provocación, violatorio de los acuerdos señalados, contrario al espíritu de las Naciones Unidas y de la comunidad internacional, pero con el aval USA, del cual el Estado de Israel es una marioneta, una caricatura y la razón de ser de un enclave partidario suyo en Levante no árabe, que los tiene en Jordania, Arabia Saudita y Egipto.

Es razonando sobre los acuerdos, que se presumen leyes internacionales, que siempre me expreso cuando discurro sobre el espinoso tema de Oriente Medio trato, no como el emotivismo y la prepotencia secular del Estado hebreo lo hace el embajador judío en nuestro país, Yoar Bar-On, conforme a como insertó El Nacional del 21 de julio último.

Es asido por los documentos y referencias históricas de más de medio centenar de obras sobre el problema árabe-hebreo que dispongo en mi modesta biblioteca de consulta, no de aguaje de bellos libros sin quitarle el papel de cellophan que algunos tienen para decorar.

El terror y el odio que el embajador israelí en nuestro país aduce, no es otro que Israel haber cerrado el espacio al diálogo con las colonias judías en Cisjordania y la Franja de Gaza, con la ocupación del Tzahal (Ejército y blindados) de esas zonas, derecho exclusivo de la ANP y del futuro Estado palestino sin cuya proclamación no habrá paz nunca en Levante. Nunca.

El Estado de Israel, hace tiempo, ha debido retirarse completamente de la Franja de Gaña y Cisjordania y aguardar que acontece luego, nunca lo contrario, mantener la ocupación de las colonias y los blindados, para cerciorarse como evolucionarán las cosas.

Es decir, Estados Unidos, el presidente George Bush jr. artífice de la Hoja de Ruta, el documento más diáfano y positivo que se ha redactado jamás para consolidar la paz en Levante, ha debido ordenar a su pupilo abandonar total y definitivamente los territorios de la ANP para entonces, en la mesa del diálogo, con la ANP completa, reverdecer la Hoja de Ruta del 15-05-03.

Hasta que eso no se disponga, el embrollo de Levante no concluirá nunca.