Gestión de riesgo

La coherencia y la transparencia de las instituciones privadas o públicas son dos elementos que generan confianza. Eso es válido también para el manejo de imagen de una figura pública. No hay forma humana posible que pueda dañar la reputación de un individuo o una institución cuando se tienen estos dos criterios presentes. Y cuando es así, estaremos bien valorados.
Cuando se divisan amenazas externas o internas que pueden derivar en crisis y, a su vez, dañar la reputación de un individuo o una institución, se debe actuar con rapidez para controlar posibles daños.
¿Cuándo se produce la crisis?
Es en el momento que no se ha actuado con una actitud preventiva para evitar llegar a ella, por las razones que fuere. Ya sea por descuido, falta de supervisión o no tener en cuenta el pensamiento estratégico que te permite detectar a tiempo esas amenazas.
Si hay una debilidad y esta coincide en el tiempo y el espacio, de seguro que impactará negativamente la reputación de una empresa o individuo. Pero no importa si es una empresa o a una persona de manera particular, el impacto será el mismo. Y los síntomas después de impactar la reputación son los mismos.
No se hace nada con identificar los riesgos que dependen de un mal desempeño, si no se gestiona con eficacia, identificando las repercusiones, que están muy conectadas con lo que sucede a su alrededor. Un análisis del entorno, de los actores, de los relacionados, de los socios operacionales, de cada uno de los cerebros pensantes dentro de la entidad, es necesario para plantear escenarios posibles, armar soluciones y prevenir riesgos, con lo cual mitigamos el impacto.
Lo que no se aconseja es sentarse a esperar que las cosas ocurran. Si ciertamente hay que tener una dosis de prudencia cuando se actúa estratégicamente, la pasividad absoluta no es el mejor remedio, pues si tú no haces que las cosas ocurran, otro hará que sucedan.
Contando con la información necesaria de dónde podrían caer los cañonazos, nos permite tomar acciones preventivas y sobrevivir a un huracán que afecte nuestra reputación.
Extrapolemos esto al campo de la salud personal. Si decides no ir al médico cuando sientes una dolencia, nunca sabrás por qué hay fiebre en tu cuerpo. Las fiebres, a menos que su causa esté vinculada con un virus gripal, puede ser la señal de una complicación mayor, que debe ser manejada con la detección a tiempo del problema.
Una empresa privada, institución gubernamental o figura pública deben velar por la buena reputación. Después de la debacle financiera, la reputación es la amenaza más importante. Una entidad puede financieramente ser vulnerable, pero no necesariamente su reputación está comprometida.