Gestión municipal: el punto “varios” de los partidos

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En las agendas de la generalidad de las reuniones, luego de tocar los puntos centrales, suele ponerse un genérico último punto que habitualmente se le llama “punto libre” o “varios”. En las agendas de los partidos dominicanos, salvo en algunas reuniones durante los procesos electorales, el tema de la gestión municipal y/o de las ciudades, cuando por casualidad se aborda, sigue siendo un “punto libre” relegado a un segundo plano. Varias razones explican tal desaguisado, entre las cuales podría citarse el predominio de la cultura política del presidencialismo/centralismo, falta de institucionalidad que impide la separación efectiva de los poderes del Estado, una democracia de baja intensidad o simplemente por las limitaciones político/cultural de la generalidad de nuestro liderazgo político/social.
En los procesos electorales municipales, para las direcciones partidarias la preocupación central es quién es el mejor candidato para ganar, importa poco si puede o no hacer una buena gestión, o si tiene alguna formación para ejercer el cargo, porque desconocen el significado de la gestión municipal o de la ciudad. Lo peor es que para la generalidad de la población importa poco la capacidad o no del candidato, porque es general la falta de conciencia cívica. Cuando alguien busca ocupar un puesto en una oficina o para hacer un determinado oficio se le pregunta si tiene algún nivel de formación o un diploma que lo acredite. Sin embargo, para administrar una empresa como una ciudad, sea esta capital del país o de una región, que son las más grandes empresas del lugar, no se le pide nivel formativo alguno.
El poder municipal, conceptualmente, es el más próximo al ciudadano, es dónde mejor podría expresarse el ejercicio de soberanía del pueblo sobre su territorio. Pero en la práctica, en la gestión de los municipios aquí sus autoridades ejercen el poder al margen y generalmente en contra de los intereses de su comunidad, reproduciéndose en lo local la cultura de la corrupción y la impunidad que impera en los gobiernos centrales. Con honrosas excepciones, alcaldes, solos o en colusión con algunos regidores, disponen a su buen grado con los recursos de los ayuntamientos, asignan obras grado a grado, juntos o separados favorecen o forman compañías para gestionar servicios básicos como los residuos sólidos, o permiten el uso de los espacios públicos y hasta de calles enteras a empresas privadas.
En la gestión municipal, la corrupción es generalizada en muchos países. En Italia de los 60, la mafia, en confabulación con los ayuntamientos, hizo de la especulación del suelo urbano y la construcción de viviendas su principal fuente de acumulación, exportando ese fenómeno a otros países. Pero en muchos de ellos, esa forma de corrupción fue limitada significativamente por la existencia de un marco institucional en cierta medida regulador, además por la existencia de partidos de tradición democrática, del crecimiento de la conciencia de cívica de los ciudadanos y/o por la acción de intelectuales y profesionales comprometidos con sus ciudades que pusieron los temas municipales y de la ciudad en las agendas políticas de sus países. Aquí,no habrá institucionalidad democrática mientras siga siendo punto “varios” en las agendas de los partidos.