Glogalización en la música

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POR ALEXIS MÉNDEZ
En los años 70, a ningún músico latino de Nueva York se le hubiese ocurrido pensar en la posibilidad de añadir gaitas irlandesas a la salsa como lo hizo hace dos años Rubén Blades en su álbum “Mundo”. Bebo Valdés tampoco imaginaría, en los 50, que un bolero podía ser cantado por un gitano, a su estilo.

En estos días es posible. Y es que la música es cada vez más tolerante. Los compositores quieren explorar, tomar elementos de cualquier parte y desarrollar propuestas en la que diferentes pueblos se sientan identificados.

Es una mentalidad que se ha convertido en ley. Que ha puesto de moda la palabra fusión.

La fusión era casi un pecado hasta que a John Lennon se le ocurrió rockanrolear con la inspiración de Consuelito Velásquez, interpretando “Bésame mucho”. Casi un pecado hasta que McCartney compuso  melodías influenciado por sinfonías barrocas. Casi un pecado hasta que Harrison agregó  ingredientes de la cultura hindú a los temas de los Beatles.

La fusión fue puesta en función a través del jazz en la década de los 60´s. Esto se dio gracias al ingenio del saxofonista John Coltrane, y dio como resultado el género World music (música del mundo), el cual llegó a su punto de desarrollo más alto en los 80´s.

El World music fue acogido por el trompetista Don Cherry y sus diversas bandas, Collin Walcott (ejecutante de la Cítara), el percusionista brasileño Nana Vasconcelos y la agrupación Old and New Dreams, con el Saxo tenor de Dewey Redman y la batería de Ed Blackwell. Luego fueron apareciendo más, y más.

De manera informal, el instinto por mezclar moldeó la visión desenfadada de otros. Ese fue el gusanillo que impulsó a Miguel Ríos a grabar una versión de La canción de la alegría, cuarto movimiento de la 9na sinfonía de Beethoven; y llevó la 5ta sinfonía del mismo compositor a las pistas de baile de los 70.

Hoy la fusión es necesaria. Es catalizadora de la globalización en la música. Está presente en una canción de Cesaria Evora acompañada de la orquesta Aragón, en los colores africanos y brasileños que se advierten en la trova de Pedrito Guerra. Está cerca de nosotros, en el fusón de Fernando Echavarría y Chichí Peralta, y en las dosis de jazz, música africana y rock que  Juan Luis Guerra proporciona a sus merengues. Además ha abrazado la popularidad junto a Juanes, Shakira y Maná.

No debemos extrañarnos si escuchamos una orquesta de Alemania interpretando el Ran Kan Kan de Tito Puente, o cuando apreciamos calidad en muchas bandas de funk que tocan en diferentes bares de Santo Domingo.

Es una aptitud impuesta por los tiempos. Es el planeta manifestado en la música, convirtiéndose en una aldea.

Rubén Blades lo cantó en ‘Mundo’: La piel es pura geografía.

“La tierra no fue
originalmente creada
con divisiones políticas. La naturaleza ignora
dónde comienza
y termina un país.

El espíritu es universal”.
Rubén Blades

programamusicamaestro@yahoo.es