Gobernabilidad: Santo Grial del S-XXI

WENDY CAPELLÁN
La sociedad contemporánea ha volcado todos sus esfuerzos tras la intensa búsqueda del tesoro perdido. Un tesoro que en cada  ámbito de aplicación ser un instrumento capaz de generar grandes cambios y transformaciones. Como primer referente histórico, la tradición cristiana nos remonta a la Santa Cena, donde el Santo Grial fue el vaso, copa o cáliz en que bebió a Jesucristo al instituir el ritual de la eucaristía.

A este objeto sagrado se le atribuyen propiedades milagrosas, razón que motiva a muchos a codiciarlo. Hablando de Santo Grial, basta poner de ejemplo el impacto revolucionario que ha significado para la ciencia y la medicina el descubrimiento del mapa del genoma humano, sobre todo porque rompe antiguos paradigmas sobre el tratamiento de las enfermedades.

Es en ese sentido, que extrapolando la idea al  ámbito de las ciencias sociales y sin importar en qué rincón del planeta se ejerza el quehacer político, el mismo reclama a voces el legítimo derecho de buscar su propio tesoro perdido: la famosa Gobernabilidad. Sinónimos de profundizar en teorías vemos la gobernabilidad como la armoniosa alineación de intereses entre gobernantes y gobernados. Un escenario de equilibrio donde convergen las demandas sociales, económicas y políticas de todos los actores de la sociedad, en el cual la capacidad institucional sirve de instrumento catalizador.

Echando un vistazo a los indicadores de Gobernabilidad de la República Dominicana dentro de una lista de 209 países para el período 1996-2004, conforme un estudio recién publicado por el Banco Mundial bajo la dirección de Daniel Kaufmann y Aart Kraay, observamos con preocupación la magnitud de las tareas pendientes y el desafío que tenemos como nación. En un esfuerzo encomiable los expertos del Banco Mundial, identificaron seis indicadores claves que abarcan distintas dimensiones, a partir de 352 variables. Las mismas fueron medidas por unas 30 instituciones de todo el mundo. Focalizando nuestro análisis al caso de la República Dominicana, observamos el comportamiento del primer indicador que viene a ser la Voz y Rendición de Cuentas que mide derechos humanos políticos y civiles, y en cuyo ranking nuestro país alcanzó el 53.9%. En segundo lugar está  la Estabilidad Política y Ausencia de Violencia que es un indicador de la posibilidad de amenazas violentas en reacción a ciertos cambios, con una puntuación del 48.1%. El tercer indicador es la Efectividad Gubernamental la cual refleja el nivel de competencia de la burocracia estatal y los empleados del gobierno, mide la calidad en la prestación de servicios públicos, para lo cual nos situamos en un 36.5% . El cuarto indicador es la Calidad Regulatoria la cual refleja en qué medida existen políticas públicas hostiles al mercado, entre éstas se encuentran por ejemplo políticas de control de precios, la inadecuada supervisión bancaria, excesivas regulaciones al comercio internacional y al sano desarrollo de un ambiente de negocios, quedando el país con un puntaje del un 41.4%. El quinto indicador es la existencia de un Estado de Derecho donde es relevante la calidad de cumplimiento de los contratos, la eficiencia de la policía, el efectivo funcionamiento de los tribunales de justicia, la independencia del poder judicial, y los niveles de criminalidad, obteniendo apenas un 38.2%. Un sexto y último indicador es el Control de la Corrupción medida por el nivel de abuso del poder público para el beneficio privado, lo cual abarca tanto la corrupción a gran escala como la de menor cuantía, y la captura del Estado por parte de las élites, ahí obtuvimos un 41.4%.

Sin distancia de tiempo suficiente para uno poder digerir los crudos resultados del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, uno queda algo pasmado al constatar que sacando un promedio simple al ranking obtenido en los seis indicadores, nuestro país queda con sólo 43%, es decir por debajo de la media de América Latina (45%) y más lejos aún del resto de los países del Caribe (67%). Este asiático (50%), Medio Oriente y Norte de Africa (43%), Antigua URSS (21%) Europa del Este (60%), Sur de Asia (32%). Mencionar los países de la OCDE (90%) no amerita comparación ya que es sólo un lejano referente con fines académicos.

Quizás algunos se preguntar n porqué es importante medir la gobernabilidad y tratar de mejorarla? Porque tanto académicos como gestores de política convergen y están plenamente conscientes de que la gobernabilidad es la columna que sustenta el desarrollo económico. Especialmente en esta sociedad de la información, donde los inversionistas extranjeros, las agencias calificadoras de riesgo, los gobiernos, los donantes de ayuda, y la sociedad civil monitorean constantemente el nivel de gobernabilidad de un país y la calidad de sus instituciones, como requisito indispensable para orientar su proceso de toma de decisiones, reduciendo así cualquier tipo incertidumbre.

La gobernabilidad demanda un esfuerzo conjunto de todos los actores para aprovechar nuestras fortalezas y superar las debilidades. Si en República Dominicana ostentamos un crecimiento económico que diste del acceso oportuno a un mejor bienestar social, entonces da pie a que emerja la semilla de la insatisfacción, peligroso caldo de cultivo para la inestabilidad política y la polarización de las fuerzas.

Cabe reiterar que los dominicanos necesitamos un esfuerzo genuino entre gobierno, sociedad civil, sector privado y oposición. Dejando a un lado la tentación de diferenciarnos con ese ajado boato de espurias virtudes que con el correr el tiempo se ha ido desvaneciendo en el m s triste de los escenarios. Ante los recientes escándalos de corrupción y el destape de una emergente narcocracia, nos resistimos a creer en la inocencia de nuestros cruzados, albergando la esperanza de que se nos permita emprender una versión moderna de la “cruzada de los niños”. Inspirándonos en lo acontecido en año 1212, cuando se llegó a la convicción de que los reiterados fracasos de las cruzadas guardaban relación directa con reprochables comportamientos, lo cual imposibilitaba la reconquista de Jerusalén. En consecuencia se determinó que sólo los puros podrían hacerlo con la fuerza de la fe y no de las armas, organizándose de este modo la llamada “cruzada de los niños”, en la que miles de jóvenes y niños que recorrieron Francia para arribar a los puertos rumbo a la Tierra Santa, fueron capturados por malvados capitanes que luego vendieron los infantes como esclavos, retornado a su lugar de origen apenas muy pocos de ellos. Como la República Dominicana es digna de tener mejor suerte, empecemos la tarea despolitizando los esfuerzos de lucha contra la corrupción y dejando de lado los epítetos denigrantes a quienes no coinciden con los intereses de los nuevos inquilinos del poder.