Grabados en el Museo Británico

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LONDRES.  EFE.  El Museo Británico es mundialmente famoso por sus mármoles de la Acrópolis y otros tesoros de la antigüedad, pero quienes acudan a él estos días harán bien en encontrar algún tiempo para visitar una exposición en una de sus salas dedicada a algo muy distinto: el grabado estadounidense del siglo XX.

   En la exposición “La escena americana: grabados de Hopper a Pollock”, que se presenta del 10 de abril al 7 de septiembre, los visitantes podrán ver  una serie realmente extraordinaria de imágenes que datan de un período de enorme fermento social y político en Estados Unidos: el que va desde comienzos del pasado siglo hasta los años sesenta.    El Museo Británico se precia de contar con la más importante colección de grabados norteamericanos fuera de Estados Unidos, y esta exposición viene justamente a celebrarlo.

   Comienza con los aguafuertes de John Sloan, uno de los pioneros de la moderna escuela americana, posteriormente bautizada como la escuela de Ashcan, que tuvo su primer exposición en Nueva York hace ahora justamente cien años.

   Procedentes del mundo de la ilustración periodística, Sloan y otros artistas de ese grupo describen con extraordinario realismo escenas de la vida cotidiana en Nueva York, cuando, antes de que se inventara el aire acondicionado, los ciudadanos tenían que subirse a dormir a las terrazas de los edificios para escapar del calor.

   Realmente impactantes son las litografías de George Bellows que representan combates de boxeo, manicomios – la escena de un baile en una casa de locos recuerda fuertemente a Goya, tanto por su temática como por su factura- así como de ejecuciones de anarquistas en la silla eléctrica.    La famosa exposición neoyorquina conocida como Armory Show, de 1913, que presentó por primera vez en Estados Unidos la obra de artistas europeos de vanguardia como Kirchner, Kandinsky, Picasso, Matisse o Duchamp, tuvo un impacto enorme en los creadores estadounidenses.

   John Marin se inspiró, por ejemplo, en el modernismo europeo y en el constructivismo ruso de El Lissitzky para representar la espectacular geometría de los rascacielos neoyorquinos, de los puentes suspendidos sobre el río Hudson o su sistema de ferrocarril elevado.

   Influido por el surrealismo, el cubismo y la abstracción, Stuart Davis incorporó hábilmente elementos de esos lenguajes de vanguardia a motivos netamente americano. La exposición se cierra con  la llegada a Estados Unidos de emigrados europeos.

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Exitosa  muestra

Grandes exponentes

La exposición se cierra con la llegada a Estados Unidos de emigrados europeos como Josef Albers, que introdujo los principios de la Bauhaus alemana, clausurada por el nazismo, en el Black Mountain College de Carolina del Norte, y la irrupción en la escena internacional del expresionismo abstracto, el primer gran movimiento genuinamente americano con figuras como Jackson Pollock, Willem de Kooning o Franz Kline.

Edward Hopper presenta a mujeres solas en habitaciones de anónimos hoteles, a parejas en vagones de ferrocarril o a personajes solitarios que leen de noche el periódico en un parque.