Grandes diferencias separan al béisbol de hoy y ayer

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POR MIGUEL BATISTA
De ESPNdeportes.com

Una de las preguntas más constantes entre los grandes y más antiguos fanáticos de nuestro deporte es y siempre ha sido la siguiente: ¿Cuáles son mejores jugadores, los de antes o los de ahora?
“Nunca habrá un jugador con el fuego y la personalidad de Roberto Clemente o más peligroso que Babe Ruth”, oí una vez decir a alguien.

En mi posición, yo he tenido muchas oportunidades de conversar con grandes leyendas de nuestro béisbol y les he preguntado a varios de ellos cuál es la diferencia entre ellos y nosotros, entre dos generaciones tan distantes y tan unidas a la vez.

“La diferencia es grande” comenzó diciéndome “El Monstruo de Laguna Verde”, como era llamado Juan Marichal en nuestro país en sus tiempos. Fue en una oportunidad que compartí con él en un vuelo de Santo Domingo a Miami. “Nosotros jugábamos un béisbol más romántico y vivíamos en una era diferente, en donde la sociedad salía de sus tabúes raciales y donde muchas cosas de nuestro deporte iban en desarrollo. Pero en cuanto al juego las cosas eran casi iguales. Nosotros al igual que ustedes teníamos jugadores que dominaban la liga y lanzadores que eran temidos por su excelente material o por sus increíbles formas de dominar la zona de strike. La gente siempre piensa eso, de que los jugadores de otras eras eran mejores que otros, pero yo pienso que nosotros aprendimos a lidiar con lo que teníamos al igual que lo hacen ustedes hoy día,” dijo Marichal

“Creo que el béisbol está dividido en eras, en mis tiempos siempre había un lanzamiento el cual los bateadores tratábamos de aprender a batear”, me confesó una vez Tommy Harper (quien fue el primer infielder en conectar treinta cuadrangulares y robarse treinta bases en las mayores).

“En los setenta la curva de doce a seis, como la llamamos comúnmente era el lanzamiento que dominaba la liga, más y más lanzadores trataban de aprenderlo. Juan Marichal, Sandy Koufax y Tom Seaver eran lanzadores que te hacían doblar las rodillas cuando veías la pelota a la altura de los ojos y de repente terminaba a la altura de las rodillas”, me continúo diciendo el pequeño ex-segunda base con una gran sonrisa.

“Luego al final de los setenta y principio de los ochenta llegó el slider y la recta de dedos separados, con mucho más fuerza que tiempos atrás. Bob Gibson, Jack Morris, Frank Viola y Jim Palmer con la curva inmensa de forma lateral la cual llamaban el slurve, que era un poco más lenta pero parecía que le pegaría a los hombros de los bateadores derechos y terminaba en la parte de afuera del plato”.

“Creo que ésta es la era de la bola rápida”, nos dijo el miembro del Salón de La Fama Robin Yount, a un grupo de jugadores en la temporada del 2001, cuando lo cuestionábamos sobre el tema.

“En nuestros tiempos no había tantos lanzadores que lanzaran sobre las 90 millas por hora. Nolan Ryan era el único que sobrepasaba las 95 y era difícil ajustarnos. El abusaba de muchos bateadores, pues era algo que no veíamos todos los días; sin embargo, en estos días muchas organizaciones tienen dos y a veces tres lanzadores en su equipo que alcanzan las 100 millas por hora”

Uno de los artes de nuestro deporte que se ha ido perdiendo es el de robar bases, ya muy pocos jugadores llegan a alcanzar 60 o 70 bases estafadas en una temporada, como se veía en tiempos atrás. “La razón es obvia”, me respondió El Rey de los Ladrones en las mayores, el gran Rickie Henderson. “Ahora los lanzadores tienen por regla parar por lo menos un segundo; los entrenadores tienen cronómetros para tomarles el tiempo a los lanzadores y obligarlos a hacer más rápidos hacia la goma y poder ayudar a los receptores. En nuestros tiempos, los lanzadores no tenían que parar, podían tomar las señas y lanzar de una vez. Era un poco difícil, pues teníamos que saber leer bien los pitcher y adivinar muchas veces cuándo tirarían a primera o al plato”

Le pregunté a Henderson, dueño del record de 130 bases robadas en una temporada (1982), cuantas se hubiera robado el en este tiempo en que los lanzadores tienen que parar por reglas. Luego de pensarlo un par de segundos me contestó& “El Rickie se hubiera robado algunas 400.”

La pregunta siempre estará ahí y el debate siempre será el mismo, pero como dijo el Rey Salomón en Eclesiastés: “Nunca digas cuál es la causa para que los tiempos antiguos sean mejores que los de ahora o viceversa, porque nada de esto preguntarás con sabiduría”, ya que cada tiempo tiene sus héroes.