Groenlandia un tesoro de hielo

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EFE.REPORTAJES. La mayor isla del mundo, con 2.2 millones de kilómetros cuadrados, está unida inseparablamente al hielo, fundamento principal de su belleza. Ilulissat, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es un ejemplo de sus maravillas.

Situado 300 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, Ilulissat descansa sobre un cabo junto al fiordo helado de Kangia, donde desemboca el glaciar Sermeq Kujalleq, el mayor del hemisferio norte. De ahí el nombre de la localidad, montaña de hielo en groenlandés. El imponente trasfondo ofrece un espectáculo de hielo en todas sus formas.

El hielo es inherente a Groenlandia, cuyos 56,000 habitantes se dispersan por el 15% de su superficie no helada. Esa singularidad geográfica le proporciona una belleza única, pero también condiciona y encarece el transporte a y dentro de la isla, autónoma dentro del Reino de Dinamarca. Sólo un billete de avión a Groenlandia cuesta unos 1,000 euros, aunque las agencias de turismo venden paquetes con descuentos.

Copenhague es la única conexión aérea permanente. De la capital danesa salen cuatro vuelos semanales (ocho en verano) de Air Greenland a Kangerlussuaq, puerta de entrada al oeste del país, la zona más poblada, y desde donde hay conexiones con otros 22 aeropuertos menores, incluido el de Ilulissat. Air Iceland vuela a Nuuk y a Ilulissat desde Islandia, pero sólo en verano; en esa época, cuando el mar no está helado, las compañías de cruceros recorren sus costas. Ante la imposibilidad de una red de carreteras por el hielo -reducida a áreas urbanas-, el transporte interior se limita fundamentalmente a avión y helicóptero, con el consiguiente encarecimiento de los precios.

Oferta turística

Kangerlussuaq, localidad de un par de cientos de habitantes a la que se llega tras volar cuatro horas y media, es un lugar perfecto para visitar el hielo permanente o “indlandsis”. A hora y media en todoterreno en excursiones guiadas (75 euros por persona), el viajero puede alcanzar y caminar sobre la masa ingente de hielo que cubre miles de kilómetros y parece extenderse infinita sobre el horizonte.

Kangerlussuaq ofrece varias posibilidades de alojamiento, desde un albergue hasta un par de hoteles, con precios que van de 45 a 150 euros por persona; e incluso un restaurante junto al fiordo donde  puede degustar exquisiteces locales como la carne de buey almizclero, vieiras y papas cultivadas en Groenlandia.

A una hora en avión se encuentra Ilulissat, tercera localidad del país e incluida en el municipio de Qaasuitsup, el más grande del mundo, con 660,000 kilómetros cuadrados.

De Ilulissat se dice que tiene 5,000 habitantes pero 8,000 almas, por los 3,000 perros que viven en ella, cuyos aullidos son parte del paisaje sonoro de la villa. En invierno, el frío congela el mar y las tormentas de nieve hacen imprevisible el transporte aéreo, de ahí que el trineo con perros siga siendo el vehículo más fiable, aunque también se usen motos de nieve. La agencia semiestatal World of Greenland ofrece viajes en trineo que van de 111 a 3,200 euros por persona.

El emblema del cambio climático

El glaciar se ha convertido en un emblema de los efectos del cambio climático, lo que ha atraído a Ilulissat a políticos como la canciller alemana, Angela Merkel, o el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durâo Barroso.

La fauna es otro punto fuerte: pájaros, zorros árticos, focas y, sobre todo, ballenas, para cuya observación se organizan safaris en verano.

Las puestas de sol sobre la bahía Disko, vista desde alguna de las colinas que protegen Ilulissat, son memorables. La inclusión del glaciar y del fiordo en la lista de la UNESCO ha duplicado el turismo en cinco años (19,000 visitas en 2008, según datos de la Oficina de Turismo de Groenlandia), y ha hecho aumentar la oferta hotelera, desde un albergue juvenil (54 euros por persona) a hoteles de gama media y el Hotel Artic (168 euros como mínimo), el establecimiento hotelero de 4 estrellas más al norte del mundo, que también incluye una exótica alternativa: cinco cabañas en forma de iglú para dos personas.

El glaciar proporciona el principal medio de subsistencia a sus vecinos: el agua fresca y rica en oxígeno del hielo derretido se mezcla con el agua salada creando unas condiciones inmejorables para la pesca.

El fletán negro y las gambas son especialidades reinas, pero también el capelán, el bacalao y la carne de ballena, de foca o de reno, preparados al modo tradicional o  formando parte de una cocina  autóctona.

Visita obligada en Ilulissat es la casa-museo de su ciudadano más ilustre, Knud Rasmussen, el mítico explorador que probó la unidad cultural de los pueblos inuitas.

Un par de kilómetros al suroeste, junto a la desembocadura del fiordo, está el poblado de Sermermiut, con restos de los diferentes pueblos inuitas que han pasado a lo largo de los siglos y muchas de cuyas costumbres permanecen vivas, sólo que modernizadas, como la caza de focas o ballenas o los trineos tirados por perros. También permanece el groenlandés, idioma mayoritario de la población, seguido por el danés y el inglés.

El proceso de modernización al que ha sido sometida Groenlandia en los últimos 50 años ha provocado una concentración de la población en ciudades frente al modelo tradicional.