Guardias, clanes y democracia

6A_El País_10_3ok,p01

Cuentan que Plutarco Elías Calles le preguntó a su jefe de escolta, ¿qué horas son?, respondiéndole: la que usted guste, señor Presidente. Retrato de obediencia lastimoso asociado a la cultura gubernamental de un continente en el que la noción de dirigir los destinos del país producen en los dirigentes la sensación de sumisión del resto de la sociedad. Toda la etapa de transición política provocó un cambio en la relación de los militares con el poder civil porque despejado del espectro del fantasma de guerra fría, el cuartel debía transformarse en un instrumento de mayor institucionalidad y muestra de los niveles de avance y civilización del modelo democrático.
Aquí, como el estamento militar tuvo su expresión de descontrol por las discrepancias entre los oficiales del CEFA y el grupo de San Cristóbal, inclusive antes de la guerra del año 1965, una de las manifestaciones que aprovechó el sector político para preservarse en el poder consistió en estimular las distancias hasta conducirlas al terreno de lo personal. Joaquín Balaguer mantuvo en la jefatura de las fuerzas armadas al general Pérez y Pérez, siendo el único funcionario de la administración de García Godoy que sobrevivió al ascenso al gobierno del Partido Reformista. Aunque las expectativas para la posición de mayor jerarquía cuartelaria estaban orientadas a favor de Neit Nivar Seijas, lo colocaron como responsable del Cuerpo de Ayudantes, y desde allí convirtió un puesto “sin importancia” en un resorte de poder político y económico que jugaría un papel estelar durante 12 años.
La rivalidad de Pérez y Pérez y Nivar Seijas, estimulada por Joaquín Balaguer, representó el punto de partida en el nacimiento de clanes militares que separados garantizaban la estabilidad de un régimen surgido con posterioridad a una guerra. Medio siglo después, la lógica que prevalece en el cuartel no guarda relación con aquellas peleas porque desde el año 1978 las jerarquías militares saben que su avance, desarrollo y sentido de gracia financiera está asociada al oficialismo. Sin guerra fría ni perturbaciones de carácter ideológico, la orientación de la nueva realidad anda concentrada en aspectos como control fronterizo, combate al narcotráfico y seguridad ciudadana. No obstante, es necesario establecer que los que se entusiasman con la actividad partidaria, terminan articulados a organizaciones orquestadas a su alrededor y/o militando en los partidos que sirvieron de sombrilla para su ascenso militar.
Elías Wessin, Neit Nivar, Zorrilla Ozuna, Soto Jiménez, Rojas Tabar incursionaron en la actividad partidaria porque se “entusiasmaron” desde el cuartel. Salvo excepciones, no alcanzan la conexión efectiva con la lógica de lo electoral debido a la rigidez que, se convierte en norma de vida, debido a la naturaleza de su dilatada carrera militar.
En los gobiernos del PLD, la relación con el estamento militar ha sido articulada alrededor de sumisión por gracia financiera y adhesión a la causa política que provoca comportamientos desquiciados en los procesos electorales. Danilo Medina es un hombre público estructurado desde el aparato partidario que edificó una noción de lealtad en el ámbito cuartelario, y una parte importante del mando actual, tiene relaciones primarias desde hace años con el primer mandatario. Por eso, los jefes del Cuerpo Especializado de Seguridad de Puertos, Cuerpo Especializado de Aeropuertos, Cuerpo de Seguridad Turística, Servicio Militar Voluntario, Director de Escuela Vocacional, J-2, Dirección de Draga y Puertos, Cuerpo Especializado de Control de Combustible, tienen años ocupando posiciones de especial importancia y ventajas envidiables en lo mercurial.

Así se estructura una gratitud, sin garantías en el tiempo. Ahora bien, materia prima de una movilidad económica singular.