Guayaquil y el orden urbano

Acierta el alcalde del Distrito Nacional, David Collado, al colocar ante los ojos de notables ocupantes de espacios públicos un modelo a seguir para llevarlos al orden: Guayaquil, ciudad en la que la buhonería no estorba ni afea la zona urbana. Los representantes de las ventas callejeras observarán allá que es óptimo el nivel de ingresos y organización de mercaderes ecuatorianos al aire libre. Con más razón que nunca en la capital dominicana debe lograrse una conciliación de intereses entre el comercio rudimentario y el orden urbano para garantizaar que la colectividad disponga de una ciudad transitable plenamente por autos y peatones y mínima agresión al ornato.

El expendio en vías públicas no es problema en urbes mayores a Santo Domingo.Lo que no se ve en localidades representativas s como Guayaquil es que las mercancías y los desperdicios que generan invadan franjas para uso común y atenten contra la salud. Aquí la masiva venta callejera tiene mucho que ver con la desigualdad social, la informalidad y el desempleo. Una estructura económica disfuncional no garantiza la rápida absorción a labores productivas de mucha gente. El buhonero promedio de acá ha sido refractario a adecentarse. Se aprovecha de un deficiente ejercicio de autoridad para el irrespeto. Sean puestos en cintura por las buenas y conminados a aceptar límites tan continuamente sobrepasados por ellos.

Monte Plata no cesa de aspirar

Con excelentes condiciones geográficas para recibir industrias y aprovechar su cercanía a importantes ciudades, Monte Plata puede soñar en grande mientras le faltan cosas tan elementales como un nuevo acueducto, pues el viejo solo alcanza para el 25% de la población; y sus aguas negras carecen de destino final por falta de alcantarillado. Los difuntos (esos que no deben retrasar la vuelta al polvo del que vinieron) carecen de una funeraria comunitaria que, como promesa “cadavérica” ha estado sepultada en el olvido.

Un loable programa social del alcalde Jesús Contreras (PLD) mitiga la pobreza de familias que habitan casas en pésimo estado invirtiendo 12 millones de pesos al año a pesar de lo exiguo del ingreso que el Gobierno le permite de RD$3.7 millones al mes. Conocida es la mutilación del 10%.