Guerra a las chapucerías (capítulo “eñe”)

Me he ocupado varias veces del tema de las chapucerías, la propensión a hacer las cosas sin arte ni esmero. He insistido porque para competir exitosamente en una economía global hay que aprender ciertos principios básicos acerca la importancia de hacer las cosas bien desde la primera vez.

Es harto difícil “hacer lo que nunca se ha hecho” en una nación llena de chapuceros. Se pasa mucho trabajo, se “coge lucha” como dicen los vagos, para tirar p’alante. El esfuerzo de cada dominicano que, en minoría, aspira a la excelencia y a superarse, es contrarrestado por una sorda conspiración de los chapuceros, para quienes todo se resuelve con el menor esfuerzo. Quizás una de las claves es que cuando los obreros o empleados carecen de satisfacciones básicas, hay pocos motivos para enorgullecerse de nada, ni siquiera del propio trabajo.

 Hacer las cosas mal da más trabajo que hacerlas bien, pues si se dejan mal hechas, después hay que arreglarlas, y entonces se trabaja dos veces en lo mismo. Y corregirlas casi siempre cuesta más, en tiempo, esfuerzo y dinero, que si desde la primera vez se hubiesen hecho bien. Desde las estupideces de empleados o compañeros de trabajo, hasta las deficiencias de servicios básicos, el correo, la recogida de basura, en cada caso algún chapucero daña la calidad de vida del conjunto de los dominicanos. Abusos en la mala calidad de las telecomunicaciones, teléfonos que sólo funcionan a veces, basura regada por calles y aceras como signo de que pasó el camión que la recoge; difícilmente pueda uno encontrar algún servicio público del cual enorgullecerse.

Las chapucerías comienzan a superarse cuando una sociedad adopta estándares que permitan uniformar la producción. Por ejemplo, mida los huecos de las puertas en cualquier casa, y verá que difícilmente encuentre dos iguales. Ese sencillo detalle, de albañiles e ingenieros chapuceros, significa que los marcos y las puertas deben fabricarse “a la medida”, en vez de comprarse en una fábrica a menor costo. La chapucería encarece todo.

Un amigo a quien aprecio pero hace mucho no veo quiere reclutarme para una invasión y posterior liberación de la isla Saona. Su plan es declarar un principado, o quizás ducado en atención a su brevedad geográfica, con el principal propósito de declarar ilegales las chapucerías. Difícil aspiración, de prevenir la tosquedad o imperfección en cualquier artefacto u obra.