¿Guerra de divisas?

Todos los países luchan para ganar competitividad, un imposible al mismo tiempo, está demostrado que es un juego de suma cero, la ganancia de unos es pérdida para otros. La urgencia es de los desarrollados, porque para crecer necesitan ganar competitividad, los países en desarrollo aceleran el crecimiento acumulando capital y creando empleos.
En general, los desarrollados producen lo mismo y para ganar competitividad necesitan reducir el costo laboral y/o mejorar su productividad. Es donde entra la guerra comercial o guerra de divisas, generada por el bombardeo de dinero a los mercados. Los bancos centrales agotaron los escasos márgenes que les quedaba para hacer política monetaria, haciendo difícil el combate de la deflación, lo peor es que el juego de depreciaciones y apreciaciones de monedas entre el dólar de los Estados Unidos, euro europeo, yuan chino y yen de Japón, no mejora los parámetros básicos alrededor de la competitividad, porque repito, el juego es de suma cero.
En ese contexto el BCE, para depreciar el euro, abaratar los productos y servicios europeos, acelerar el crecimiento y generar inflación, reforzó su programa de estímulo monetario. Entre otras medidas, redujo el tipo de interés de 0.05% a 0%, y puso a trabajar la máquina de inorgánicos, aumentando de 60 a 80 mil millones la compra mensual de deuda (pública y privada).
Japón, la tercera economía mundial, con dos décadas acumulada de estancamiento económico, su Banco Central bombardea dinero a los mercados comprando deuda pública y privada, manteniendo en terreno negativo su tasa de política monetaria. China, para no perder competitividad, devaluó su moneda cuando el Banco Central inyectó una gran cantidad de efectivo al sistema financiero. Y la Re serva Federal de los Estados Unidos, para no perder com petitividad, redujo la posibi lidad de continuar con el en durecimiento de la política monetaria.
En la guerra de divisas, sostenida por el exceso de dinero circulando, responsable de los niveles históricamente bajos del interés y la inflación, nuestro Banco Central ha sabido jugar. Ha preservado la competitividad externa manteniendo en 5% la tasa de política monetaria desde mediados del 2015, enviando tres mensajes no escritos cuando la ratificó en febrero pasado. Uno, que no ha modificado el costo que cobra a los bancos por prestarles dinero, y espera que ellos hagan lo mismo con sus clientes. Advertencia oportuna, porque en lo que va de año los bancos aumentaron en 153 puntos básicos el costo promedio del crédito al consumo y al comercio.
Dos, que manteniendo la tasa de interés baja y el crédito barato, la gente no tiene motivo para cambiar su ritmo de gasto, preservando el nivel de actividad financiera y el ritmo de crecimiento económico, responsables de la muy buena rentabilidad de los bancos. Tres, ratifica su tasa de 5% aunque genere algo de inflación, lo que no preocupa, de hecho ha estado cayendo, la acumulada se situó en terreno negativo en 0.57% en los primeros dos meses del año y en 1.74% la anualizada, inferior a la meta mínima.
Agrego, tasa de política monetaria que se mantendrá mientras esté en caída el déficit en la cuenta corriente, por la combinación de ahorro en la factura petrolera, por los menores precios del petróleo, y mayores ingresos por turismo.