Guerra de locutores

JOSE ANTONIO NUÑEZ FERNANDEZ
En el 1965 hubo aquí una guerra patria. Creo que entonces la patria tuvo servidores y deservidores. Yo, no de manera bovarista, sino de modo real, me coloco entre los primeros. Pero no voy a elogiar a los primero ni a fustigar a los segundos. Sencillamente los primeros cumplieron con su deber y los segundos se colocaron, se colocaron donde la inconsciencia de su conciencia los colocó. ¡Y punto! Cuando aquellos sucesos habían puesto en receso las armas, una de las agencias de la desinformación y del “mulcraker” publicó un artículo de Martín Reynolds, periodista que con el texano Lyndon Johnson resultaba “made for each other”.

Reynolds en su artículo de marra decía que ya no se enfrentaban los enemigos con sus armas, porque la lucha era entre los locutores constitucionalistas y los locutores del bando de San Isidro. Lucha y enfrentamiento verbales solamente, claro está.

El longa lengua mister Reynolds después de lo de aquí, LA ITT lo mandó a Chile para que por su culpa “La caravana de la muerte” y “La operación cóndor”, acrecieran los caudales derramados de la generosa y fraterna sangre de América.

Pues bien, en la “guerra de locutores” voy a remembrar a los que yo imité colocándome a su lado, y que ya se marcharon hacia el “Empíreo” a jugar con los astros de la gloria y con las nubes de la fama.

Evoco a Luis Acosta Tejada voz de Cuba que con maestría sirvió a la República Dominicana; a doña Cristián Guerrie, una hija Bélgica que por matrimonio y afectos se dominicanizó; a Luis Armando Asunción que fue clarín mayor de las primeras dianas de la libertad; a Manuel Antonio Rodríguez (Rodriguito) que con 55 años se metió en la abrileña candelada; Pedro Muñoz Batista y Jaime López Brache que se colocaron frente a los micrófonos de la dignidad, desde la misma tarde del 24 de abril. También Héctor (Papi) Quezada Naar, capacidad, decencia y cordialidad; Rafael Jiménez Maxwell (The good boi); Pedro Pérez Vargas, dueño de una voz privilegiada y magnífico lector; por hoy también, la siempreviva del recuerdo para dos norteamericanos que en su idioma prestaron sus voces: Bill Bayles y Martha Chasfield.

En la guerra patria, colocarse del lado de los parlantes servidores, fue peligroso. Los locutores se expusieron y se abocaron a lo peor. Y hay trágicos ejemplos.

Un principiante en el oficio, el joven Rafael Núñez Castillo hermano de la artista del pincel Elsa Núñez, fue señalado por una chirivica callejera a una escuadra de exterminadores. Señalado fue como: “Esa es un locutor”. Y el señalado Rafael Núñez Castillo fue exterminado. El veterano Pablo Rossó Pérez andaba con un rótulo en el pecho que decía “Locutor”. El manso Rossó Pérez fue desaparecido. Y el “as de los narradores deportivos” don Félix Acosta Núñez decidió irse a reunir con sus familiares de Tenares. Cuando llegó a San Francisco de Macorís fue detenido porque alguien informó que el locutor Núñez, se rencontraba en la ciudad el Jaya.

Entonces el querido “Cheverito de Tenares” tuvo que hacer muchas aclaraciones para que en la fortaleza de allá, el verdugo de Baldemiro Castro no lo enclaustrara en una de sus peligrosas celdas.

Al principio al referirme a la “guerra de locutores” de mister Martín Reynolds, el hermano siamés de mister Roberto Berrellez, hice alusión a servidores de la patria. Pues bien, unos y otros merecen hoy a la distancia de 39 años, mi más absoluto respeto. Pero los que no fueron servidores ni deservidores; esos que yo llamaría los neutrales, los indiferentes. A esos no se yo en realidad como verlos, y menos como calificarlos. A esos que los vea y los califique la historia. La historia bendecida por fray Luis de León. Pues la ciencia de la diosa Clío, es testimonio del tiempo, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida y reflejado de la antigüedad. A la historia pertenecen los servidores como Acosta, Asunción, Rodriguito, Muñoz, Brache, Papi Quezada. Igualmente los deservidores como don Máximo F., los hermanos González, H. Freites y Furcy “el vale Clemencio” que como eterno desubicado ahí se ubicó. Los que corresponden a la anti-historia solamente superados resultarán por los neutrales y por los indiferentes.

Los neutrales y los indiferentes siempre serán entes, parias, ilotas y metecos aún en su propia tierra.

Los deservidores de entonces y los indiferentes y neutrales de ayer y de hoy, serán por siempre “Perpetuos Patricidas de la Historia”, cuyas tres letras iniciales por coincidencia son P P H, tres letras que suenan y resuenan. Tres letras que vuelan y revuelan como vampiros en los más profundos baratos. Esas tres iniciales P P H anunciatrices fueron de nuestro nacional derrumbe. Ellas presagiaron ¡El Derrumbe!