Guerra del 65 obliga a respetar orden legal

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En el 40 aniversario del inicio de la guerra civil de 1965 el sentimiento común en quienes participaron de manera directa en el conflicto es que deben cerrarse definitivamente las heridas que dejó en la sociedad dominicana y coinciden en que la principal lección que dejó fue que, por encima de intereses personales, debe respetarse el ordenamiento institucional.

Pedro Bartolomé Benoit, entonces coronel que presidió la Junta Militar en San Isidro; Víctor Gómez Bergés, miembro del gobierno de Reconstrucción Nacional; Vicenta Vélez, participante en el conflicto y esposa del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, presidente del gobierno constitucionalista; Jesús de la Rosa, jefe de la policía constitucionalista; Pedro Gil Iturbides, director del periódico La Hoja que se publico en los días del conflicto, y Rafael (Fafa) Taveras, combatiente por el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, coincidieron en que la revuelta militar debe servir para rectificar los grandes errores políticos en que incurrió la sociedad.

Benoit planteó que es tiempo de que se subsanen las heridas que dejó la guerra civil. “Ya nos matamos, nos insultamos, ya hicimos todo lo que íbamos a hacer. Ahora comencemos a hablar de paz”, dijo Benoit.

“Nos dejó grandes enseñanzas y hemos aprendido a soportar gobiernos malos, hemos aprendido que pese a todas las diferencias que puedan separarnos de un sector partidista o de una administración, hemos de convivir con ella si es elegida por una mayoría del pueblo,” dijo Gil Iturbides.

Para Taveras, la gesta consagró el respeto a la voluntad popular, dejó claro que la única fuente de poder es el pueblo y que el resultado de unas elecciones no puede ser desconocido por ningún grupo militar, económico o político.

A su vez Gómez Bergés estimó que el estallido de la guerra de abril fue la resultante de un estado de descomposición social, de la corrupción y la frustración que provocó el golpe de Estado contra el presidente Bosch.

En cambio, para la señora Vélez, frente a los muchos problemas políticos que tenemos y en momentos en que aumenta la corrupción “se podría pensar que la revolución de 1965 no valió la pena, pero realmente no, sin en este acontecimiento quién sabe cuántos golpes de Estado se hubiesen perpetrado” y la situación sería peor.

De la Rosa, a su vez, estimó que el conflicto debe ser una lección permanente para que sea irrepetible, por la grave secuela de divisiones que produce en la sociedad. “Ya las cosas se han encaminado, no como uno quería, pero uno de alguna manera siente la satisfacción que ha ayudado a construir el orden de paz y de tranquilidad que hoy disfrutamos todos”, señala.