Guerra entre infelices

POR JOSÉ DE JS. JIMÉNEZ O.
Mis humildes y ocasionales escritos en la prensa dominicana tratan sobre medicina y deportes. Al no ser político, nunca opino sobre esos temas. Pero como ciudadano al fin, me duele lo que está sucediendo en Santiago.

En los últimos meses esta ciudad, de por sí estrangulada económicamente según los de las zonas francas, se ha visto sembrada de parquímetros.

Los pudientes pagan parqueos donde sus vehículos están seguros. Quienes se parquean en las calles son empleados de instituciones en el centro de la ciudad los cuales no pueden darse el lujo de pagar un parqueo ya que eso significaría mensualmente más de la totalidad de su muy humilde salario.

Quienes están detrás de esta medida no solo le están haciendo un daño a los pobres sino también al gobierno. El centro de Santiago no se puede visitar. Usted parquea inocentemente su vehículo para entregar “cualquier cosa” a un vecino por varios minutos. A su retorno se encontrará una multa de $300 colocada por una infeliz escondida detrás de la esquina para perjudicar a otro infeliz.

Estas cuidadoras de parquímetros no parecen actuar de buena fe ya que de no ser así, podrían advertir al ciudadano común no acostumbrado a estas cosas. Pues no, se esconden y esperan su presa. Si dicha presa (otro dominicano pobre igual que ellas) aún cubriendo su hora de estacionamiento se pasa por unos minutos, ahí va prontamente su multa: 300 pesos. Es una guerra entre infelices.

Una señora amiga me dijo: “si tengo que vender mi humilde vehículo, lo haré. No voy a mantener a millonarios”.

Esta es la situación en el centro de Santiago. Ya las calles céntricas comienzan a verse vacías. Esta medida perjudicará los negocios, industrias, clínicas, etc.

Santiago se convertirá en una ciudad muerta. Creo que hasta ni al Jefe se le hubiera ocurrido hacer semejante daño a los pobres.