Guerra silenciosa

Los medios traen, regularmente, noticias sobre lo que pasa en la Ucrania, en el Cercano y Medio Oriente, en Yemen, actos de vandalismo, terrorismo, crímenes que se suceden uno tras otro en todo el mundo, causando miles de muertos y millones de pérdidas en diversos países, áreas o regiones. Algunos casos como la destrucción de Gaza o de la antiquísima ciudad iraquí son incalificables. Hay, sin embargo, una guerra silenciosa que solo llega a las noticias esporádicamente cuando los daños son extraordinarios, públicos, como el del Estudio Sony. Esta guerra es permanente, fiera, está costando probablemente más que las noticiosas. Numerosos países emplean miles de científicos, ingenieros y técnicos del mayor nivel intelectual para dedicarlos al ataque o a la defensa de sus gobiernos y empresas. Se trata de la guerra que se libra en Internet y tiene capacidad para detener en “seco” un país, interfiriendo sus redes eléctricas, de trenes, etc., además, el comercio y la industria; tanto en Occidente como en Oriente.

Los espías llegaron silenciosos, ver @ War (@Guerra de Shane Harris), estuvieron trabajando por meses antes que alguien los detectara y cuando se dieron cuenta habían copiado los planos y con ellos los secretos del Joint Strike Fighter (Caza de ataque conjunto), un avión tan avanzado que sustituiría a todos los demás; sería usado por todas las fuerzas militares estadounidenses (Fuerza Aérea, Armada y demás ramas), el jet denominado F-35, cuyo desarrollo costó 337 millardos (337,000,000,000.00 US$), el mayor de todos los tiempos. El F-35 tenía los más sofisticados y complejos sistemas de armas, detección y acción furtiva, todo se había ido por Internet, escamoteado por China.

Comenzando en 1970, agentes chinos trabajando o visitando universidades, laboratorios de investigación del gobierno y contratistas de defensa estadounidenses han sustraído información sobre sus sistemas de protección y ataque, incluyendo armas nucleares. El F-35, había sido “hacked”.

Para entender cómo eso sucedía, contrataron, por los años de 1990, un “hacker” que había sido militar y crecido en el mundo del espacio cibernético, en la guerra de información. Se buscaba descubrir cómo pensaban los “hackers” para combatirlos. El “hacker” contratado fue recibido por los abogados de una de las grandes compañías de defensa, en la entrevista se limitó a pedir una portátil (laptop) de las que usaban los empleados de la empresa pero le entregaron una nueva. Protestó, pero ese cambio solamente hizo que el “hacker” se tomara un poco más de tiempo que si hubiera usado una de la empresa. Al cabo de unos meses descubrió la forma y las veces que habían sido penetrados. En el 2012, los chinos le enseñaron a Leon Panetta, Secretario de Defensa, un avión con las características del F-35, que estaba estacionado en la pista de uno de sus aeropuertos militares.

Los “hackers” habían enviado correos electrónicos inocuos que parecían provenir de otro departamento de la compañía, una vez que el empleado habría el correo, el “hacker” quedaba instalado en su computadora y podía seguir cada movimiento que ése hacía: con quién se comunicaba, entrando de uno a otro, así se expandía dentro de la empresa o del Pentágono, por ejemplo. Hoy ese proceso puede iniciar con un celular inteligente. Las empresas fueron prevenidas, también recibieron de los especialistas gubernamentales las últimas herramientas y técnicas descubiertas a “hackers” extranjeros. Los contratistas del gobierno establecieron sus propias defensas; al día de hoy todas las dependencias del gobierno estadounidense y sus contratistas tienen miles de personas especializadas que están constantemente vigilando si alguien quiere penetrar su empresa o gobierno. Obviamente, hay una contraparte de especialistas que tratan de establecerse en los gobiernos y contratistas de China y sus aliados, También en los gobiernos y contratistas amigos.

 

La guerra silenciosa está costando a esos países y empresas incontables miles de millones de dólares.