¿Ha fracasado definitivamente la civilización?

¿Ha fracasado definitivamente la civilización?

Rafael Acevedo Pérez

¿Ha fracasado definitivamente la civilización?. En un reciente e interesante artículo, el economista experto en turismo Juan Lladó, comenta una encuesta Gallup para Naciones Unidas, ONU (anterior a la guerra de Ucrania), que muestra que entre los países más felices del mundo están, precisamente, los de mayores índices de desarrollo. El reporte de encuesta no consigna, sin embargo, que Finlandia, Dinamarca, Suecia y otros países que encabezan la lista son, precisamente, los que también tienen los mayores índices de cristianismo: Finlandia con alrededor 70% y Dinamarca con más del 80% de sus poblaciones.

También destaca Lladó la novedad de que también en Finlandia practican ampliamente la bachata. Lamentablemente, agregamos, como la bachata y el relajo y la poca vergüenza no bastan, nuestro país está en la posición 72 de dicho ranking mundial de felicidad.

La buena noticia, informa Lladó, es que los finlandeses estén organizando festivales de bachata también en nuestro país.

Estas novedades resultan de contrastante actualidad e interés, en momentos en que muchas gentes en todo el mundo se están preguntando si acaso la civilización del planeta ha fracasado estruendosamente, a la par del liderazgo de las grandes naciones.

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Sin duda, estamos asistiendo a un conflicto bélico guiado por los grandes intereses económicos, en el cual la mentira ha sido instrumento sistemático de tergiversación y confusión de la opinión de los habitantes de todas las latitudes.
La Biblia anuncia una “Gran Tribulación” en los tiempos finales, en los que priman el desorden moral y los conflictos entre los poderosos. La historia revela el fracaso de varias civilizaciones, y los arqueólogos suelen descubrir ruinas de otras que ni siquiera aparecen en los registros históricos.

Los hebreos refieren el caso Babel, caracterizado por la confusión de lenguas, cuya equivalencia podría ser la actual pérdida de credibilidad de los líderes mundiales, de las autoridades científicas, académicas, y de los más reconocidos medios de comunicación; a la vez que emergen miríadas de medios electrónicos improvisados, sin dirección profesional, cuyos personajes no los conocen ni en sus propias casas, quienes mayormente consiguen echar leña al fuego de la confusión reinante. La multitud de fuentes y redes telefónicas asumen por cuenta propia el comando editorial informativo. Pareciendo claro que el mayor fracaso de las actuales generaciones ya ha ocurrido: El no haber tomado en serio la dimensión espiritual de pueblos y naciones.

La presente generación más bien parece una chercha festiva y degradante, cuyo objetivo es poseer, consumir, exhibir, divertirse.

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El consumo moderado y decente es cosa sana, como muestran los nórdicos. El consumo sensual es sinónimo de promiscuidad y disolución.

Si no, pregúntele a los escandinavos, descendientes de los bárbaros, pueblos salvajes que fueron sometidos por los ejércitos romanos, pero cuya sabiduría consistió en tomar de Roma lo mejor: Sus normas de vida civilizada, y la doctrina de Cristo.

Si el mundo no es destruido antes, los dominicanos tenemos tiempo de rescatar y aumentar nuestra herencia espiritual: Dios, Patria y Libertad.

Si las potencias pierden su liderazgo es porque, como Roma, no han sabido mantener y cultivar la grandeza espiritual.

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