¡Ha llegado la hora!

Si en las próximas elecciones se reproduce el sistema político bi-partidista, donde la totalidad del sistema político gira alrededor de los dos que monopolizan y se reparten el poder y administran las boronas de ese poder que reparten entre los comilones; si ello se repite, nuestra sociedad llorará lágrimas de sangre: se reproducirá la corrupción e impunidad, la delincuencia y el narcotráfico acabarán copando las instituciones y  territorios, el modelo económico no productivo e importador se consolidará, el país será cada vez más dependiente, los funcionarios del FMI y el Banco Mundial dirigirán la economía y se impondrá el “sálvese quien pueda”, que puede traernos sangrientas pobladas, como única válvula de escape de una sociedad pateada hasta lo indecible.

Si por el contrario, en el proceso de aquí a las elecciones, se consolida una alternativa política progresista, que al convertirse en “partido mayoritario”, aun sin alcanzar el poder central, con la comprobada firmeza de sus figuras centrales y un movimiento social y la izquierda política, actuando con inteligencia; movimiento social que por fin pueda encontrar el terreno donde sus múltiples acciones acumulen fuerzas sociales y organizativas; donde se  pueda potenciar, por primera vez en más de treinta años, una oposición política firme y activa contra la ignominia que seguirá imponiendo el gobierno, el Congreso y la justicia; si con el esfuerzo de todos y todas, repito, logramos quebrar el bi-partidismo y emprender esa nueva senda, entonces la desesperanza y falta de fe en el porvenir, propio de la vida política del país, empezará a cambiar; las luchas espontáneas lograrán acumular fuerza real (como pasó en los años anteriores al 24 de abril), las organizaciones sociales y la izquierda se fortalecerán, y el país entero podrá entonces empezar a soñar con cambiar el rumbo fatal que nos ha impuesto el bi-partidismo y las cúpulas políticas y sociales.

Para ello, hoy, un día del mes de noviembre, a seis meses de las elecciones, las organizaciones sociales, los sacerdotes sensibles de todas las iglesias, los intelectuales progresistas y las fuerzas políticas alternativas de verdad: ¡Tenemos que espabilarnos! ¡Dar un paso al frente!

Decía el coronel Fernández Domínguez (no me canso de citarlo) “que no hay ser más libre que aquel que se somete a sus deberes”. ¡Ese pensamiento es la referencia obligada que debe guiar a cualquier hombre y mujer que tenga hoy una posición desde donde pueda incidir en la construcción del futuro de la República; el estandarte, o el espejo en que tenemos que vernos, dejando atrás la pequeñez, tanto en la actitud  como en nuestros propios “análisis”! ¿Podremos? El país nos exige trabajar para hacerlo realidad!