¿Ha sido la liberación femenina un “gancho” para las mismas mujeres?

Millizen Uribe

Recientemente, leí un comentario de una amiga muy querida que afirmaba que dado que hoy día las mujeres, además de las tradicionales labores domésticas y cuidado de hijos/as que socialmente se les impone, tienen que trabajar y aportar económicamente en el hogar y en la nación, ella entendía que la liberación femenina había sido un gancho para las mujeres.
En realidad, ya antes había escuchado a otras con esa queja y mi respuesta para ellas siempre ha sido que su pensar obedece a una visión equivocada de qué es la liberación femenina.
Esta se trata de un movimiento que a lo largo de la historia (sufragistas, obreras) ha luchado por el reconocimiento y respeto de los derechos humanos de las mujeres.
Derechos que ahora, en el siglo XXI, pueden parecernos obvios: la educación, el trabajo, libre elección de parejas, propiedad, etc. Pero que anteriormente le eran negados tradicional y socialmente.
La liberación femenina no aboga por la superioridad de la mujer sobre el hombre. Tampoco por el “libertinaje” femenino (eso es un comportamiento personal, posiblemente presente tanto en hombres como mujeres). Y mucho menos surgió para darle más carga laboral a la mujer, sino derechos.
Esto significó que las mujeres pudiesen acceder al ámbito público, porque antes solo lo hacían los hombres y ellas estaban obligadas a quedarse en el privado o doméstico.
Pero esa lucha por los derechos de las mujeres es dialéctica y, ciertamente, hoy día plantea retos y escenarios diferentes, como el descrito por mi amiga: carga laboral excesiva en la casa y en el empleo.
Mas, la solución no puede ser renegar de los derechos adquiridos ni retroceder. Tampoco culpar a la liberación femenina de los males contra los que ella lucha (inequidad entre hombres y mujeres), ni responsabilizarla de los compañeros de vida que no cumplen con las tareas del hogar, ni de un sistema económico tan salvaje cuya carga laboral muchas veces es inhumana.
En el pasado, mujeres y hombres jugaron su rol en la lucha por los derechos de las mujeres. Ahora esta generación debe hacer lo mismo y, partiendo de contextos actuales (clase, género, época), avanzar en la consecución de la participación del hombre en las labores domésticas, lo que equilibraría el aporte entre ambos, teniendo como Norte el abandono del determinismo biológico de que los órganos sexuales determinan roles obligatorios.
Esto a sabiendas de que hombres y mujeres son seres multidimensionales que pueden aportar en diferentes ámbitos, y que esta lucha por los derechos de las mujeres, al final, es una lucha por el avance y el progreso de toda la humanidad.