Hablando de inequidad

Claudio Acosta

De aquí en adelante será mucho lo que se hable de inequidad en el  presente proceso electoral, caracterizado, precisamente, por la  falta de equidad entre sus principales protagonistas, pues uno de los candidatos es a su vez el Presidente de la República en procura de su reelección, lo que le permite utilizar en su propio beneficio todo el poder del Estado y  el Presupuesto Nacional, en tanto el otro es postulado por un partido de reciente formación que ni siquiera  recibe recursos públicos para financiar sus actividades. Tan evidente es esa diferencia que a más de uno se la ha ocurrido comparar (desde las trincheras de la oposición desde luego)  el enfrentamiento entre el presidente Danilo Medina  y Luis Abinader con el  combate entre el gigante Goliat y el pequeño David, deseosos, evidentemente, de que en la vida real, léase el próximo 15 de mayo, se repita la bíblica proeza, pero en la política pura y dura que jugamos por aquí, con altísimos  niveles de clientelismo, esos milagros son improbables aunque no imposibles. La propuesta del doctor Eddy Olivares, miembro titular  de la JCE, de adelantar la proclama del período electoral solo pretendía crear las condiciones para que el organismo pueda regular a los partidos y  garantizar esa equidad que tanta falta está haciendo. Pero el  rechazo militante   que recibió de inmediato esa propuesta solo ha servido para demostrar, una vez más,  lo poco que le interesa a nuestra partidocracia, sobre todo a  la que se amamanta del Presupuesto Nacional, que esos controles existan, razón por la cual  no existe la  Ley de Partidos. Hablar de inequidad en un escenario así es, como quien dice, una redundancia, repetir lo que ya sabemos, porque  lo cierto es que  desde el momento mismo que Danilo Medina se convirtió en Presidente-candidato  esa  equidad, llamada a garantizar que las elecciones del próximo 15 de mayo  sean verdaderamente democráticas, se rompió en mil pedazos