Hablemos de costos

El Gobierno y las empresas de transporte que se hacen pasar por sindicatos parecen animados a ponerse de acuerdo sobre las demandas económicas de los segundos.

En principio estos empresarios se valieron de la presión y la amenaza,  y llegaron a incurrir en vías de hecho que desbordaron su capacidad de control y todos conocemos los lamentables resultados.

Ahora se acercan a la mesa de negociaciones con unos análisis de costos que, de ser acogidos como reales, elevaría las tarifas de pasajes a niveles inalcanzables para mucha gente.

En estas circunstancias, el Gobierno tiene que olvidarse de la caza proselitista para impulsar la causa de la reelección presidencial y actuar fríamente, como administrador que es del Estado y sus bienes.

No pueden ser interpretados como costos de operación los gastos en que incurren los transportistas en virtud del pobre rendimiento de sus unidades de trabajo.

-II-

Las deficiencias operacionales y administrativas jamás han sido costos en ninguna parte y menos en este país, en el que los servicios de transporte de pasajeros se realizan en base a unidades inservibles que tragan mucho y rinden poco.

Los transportistas que utilizan automóviles con gas licuado de petróleo no pueden pretender más compensación que la que reciben a través del precio del gas subsidiado y quienes tienen máquinas que operan con gasoil deben presentar costos y niveles de rentabilidad reales y creíbles.

El Gobierno debe despojarse del temor a los costos políticos de un desacuerdo con estos aguerridos empresarios del transporte.

Basándose en la realidad y actuando apegado a la justicia, el Gobierno tiene que proteger los intereses de los usuarios del servicio de transporte por encima de cualquier intento de torcedura de brazo en que intenten reincidir los transportistas.

Si una responsabilidad han tenido los partidos políticos que han escalado la administración del Estado ha sido la de haber tratado con visión politiquera y demagógica el problema del transporte, con tal de ganarse el favor de los falsos sindicatos del sector.

Ya es hora de hablar de costos reales sin temerle a los costos políticos.