¿Habrá que reverenciar al Sr. Plátano?

RAFAEL RASUK
r.rasuk@hoy.com.do 
Aunque senté raíces en “la Capital” a muy temprana edad, no puedo ignorar mi indisoluble procedencia de una comarca del llamado Sur cercano.

Mi abuelo materno era lo que podría considerarse, en lo que la economía política estableció años después de su nacimiento, un latifundista.

Productor de café en gran escala en las montañas de Azua, Bebeto también cultivaba en su hacienda (que dicho sea de paso nunca conocí) frutos menores.

Sí recuerdo, de mis años de infancia, su inmancable regreso cada sábado cargado de víveres y hermosas frutas, muchas de las cuales eran destinadas a la alimentación de una pequeña cría porcina, mantenida bien distante de la casona familiar de madera y cemento.

Ya en tránsito de adolescencia, y en rol de emigrante, degusté plátanos en la Capital en las más variadas formas.

Suculentos platos de ese vívere, durante años objeto del mayor desprecio por “embrutecedor”, colmaron mis ansias de “comelón en potencia”.

Fue sin embargo el pasado sábado cuando vine a enterarme que este fruto, de planta musácea, se ha encumbrado en las alturas del Golán.

En un Supermercado de la ciudad estuve al borde de pagar $22.79 por la unidad de este manjar de la mesa criolla.

Conocedores por experiencia de que aquí lo que sube no baja, faltará saber si cuando reinicien las cosechas locales igualará en precio al producto ahora importado. 

¿Tendremos que reverenciar ahora a este compañero inseparable de la cocina doméstica?