Hacer lo que no se ha hecho

El número de extranjeros radicados en el país es una incógnita. Los distintos gobiernos jamás han hecho lo necesario por saber  cuántos extranjeros viven ilegalmente y cuántos legales, y si tienen descendientes legítimamente registrados. Son cosas que todo Estado debe preocuparse por saber y dominar con la mayor aproximación posible. Al menos, eso hacen otros países que tienen  frontera común con otros, como es el caso nuestro con Haití.

La doctora Rosario Graciano de los Santos,  miembro titular  de la JCE, ha retado al Gobierno del Presidente Danilo Medina que se revista del valor necesario para levantar un censo y regularizar la permanencia de todos los extranjeros residentes en el país. A su juicio, sería la única manera que tiene el país de librarse de los frecuentes sometimientos ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, por alegadas violaciones a los derechos de inmigrantes.

Ciertamente el país tiene que tomar la decisión de poner en orden la estada de extranjeros y reconocer todo registro legal y legítimo de sus descendientes nacidos en el país. No podemos darnos el lujo de ignorar cuántos ciudadanos de otros países están entre nosotros ni llenar el país de apátridas por no hacer lo que hemos debido hacer desde hace mucho tiempo. Hay que asumir el reto de la juez Rosario Graciano de los Santos.

Ahorrar agua es asunto de vida

Lo más sensato que podemos hacer en todo momento, pero sobre todo en esta etapa de sequía, es usar de manera racional el agua de que disponemos. El ahorro de agua es un ejercicio que deben practicar los ciudadanos, las empresas y las  autoridades. Ciudadanos se quejan con frecuencia de que informan a  la CAASD sobre fugas por averías en ramales importantes  del acueducto, pero el organismo tarda mucho en acudir a corregir la falla y se desperdicia mucha agua por esa causa.

Nuestro país arrastra la mala fama de ser uno de los que más agua dispendia en toda la región y no podemos continuar manteniendo ese patrón de mal uso de un recurso cuya disponibilidad disminuye mientras crece vertiginosamente la demanda. La autoridad debe ser la primera en tener esto en cuenta. Debe practicar el ahorro de agua y predicar la enseñanza para que otros también la practiquen.