Hacia la energía alternativa

El petróleo es caro, contaminante en muchas aplicaciones y estratégicamente adverso por su inevitable procedencia externa. República Dominicana se ha demorado inexcusablemente en desarrollar fuentes nuevas y propias de energía. Fuera de lo logrado en el renglón hidroeléctrico, que debe crecer, la opción más a la mano es la eólica. El país recibe con alivio la información concreta de que desde el año que está punto de llegar el viento va a producir electricidad a nivel importante para los dominicanos. Una inversión de 90 millones de dólares del sector privado en Matafondo, de Baní, servirá para obtener  50 MW desde el 2010. Luego vendrá el proyecto Juancho, en Barahona, con 30 MW.

El Estado Dominicano tiene que ser agresivamente receptivo y abrirse a la innovación en materia energética. Establecer los mayores incentivos posibles para capitales locales y extranjeros interesados en sumarse al esfuerzo por reducir la dependencia de hidrocarburos. Respaldar con decisión la sustitución de la gasolina y el diesel oil por gas natural para el creciente parque vehicular y para la producción de electricidad. La solución definitiva al problema de los apagones tiene que comenzar con una reducción de costos con  unidades de generación amigables al ambiente. Este es el momento de tomar decisiones que nos salven del estancamiento de los últimos años en la instalación de más plantas.

Una presencia conveniente

En la sociedad dominicana se registra un saldo de opinión a favor de los destacamentos policiales y de las patrullas barriales. Cuando se busca el parecer del ciudadano de a pie ante las embestidas de los delincuentes, la gente dice francamente que se siente más tranquila si ve policías haciendo guardia o instalados en locales cercanos a sus domicilios. Recientemente hubo una protesta en Gualey, Distrito Nacional, tras el anuncio de que un puesto policial sería suprimido. La barriada reclamaba su permanencia.

S e trata de moradores que viven en carne propia los azotes del crimen y reaccionan con sentido práctico. Están conscientes de que el servicio policial  no es un “santo remedio”. Los policías provienen de una sociedad con altas y bajas. Pertenecen a  una realidad  imperfecta pero son  una opción a la desprotección total. El Estado haría bien en rehabilitar y dar valor a muchos destacamentos en mal estado en varios sitios del  país.