Hacia lo alto
Cuaresma, tiempo de gracia

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Leonor  Maria Asiles
Leonor.asilis@codetel.net.do
 
Estamos en Cuaresma. Tiempo especial de gracia y conversión que conmemora los cuarenta días que pasó nuestro Señor Jesús en el desierto previo a su Pasión, Muerte y Resurrección.

Nosotros, sus discípulos, estamos llamados a seguir sus pasos, con Él, por Él y para llegar a Él.

Contamos con muchos elementos que nos ayudan en nuestro peregrinar.

El primero, la Oración Personal. Encuentro íntimo, insustituible de cada uno a solas con Jesucristo. El canal por excelencia, el Espíritu Santo: quien nos guía, acompaña y nos conforta.

Seguimos con la  Oración Comunitaria, no menos importante,  recomendada ampliamente por el mismo Jesús quien nos dice en su Palabra que cuando dos o más se reúnen en Su Nombre, Él se encontraría en medio de ellos.

Hemos visto las maravillas del poder de la oración cuando brota del clamor de una red de orantes.

Oraciones especiales como El Rosario, arma eficaz de intercesión que la Virgen María nos entrega, no para servirnos de adorno sino para que lo usemos, apelando a su corazón maternal y meditemos con Ella los sucesos más importantes en la vida de Jesús en la Tierra y que consiguieron la victoria sobre la muerte definitiva.

Asimismo, señalamos  el ayuno, la limosna y la penitencia.

La Cuaresma es el tiempo idóneo para éstas!

La confesión,  sacramento de la reconciliación a través del cual recibimos el perdón, y robustece nuestra vida interior.

Es lamentable el desconocimiento y desprecio de algunos, y aún católicos de este sacramento. Muchos alegan diciendo: “Yo no confieso mis pecados a ningún hombre igual a mí y que puede ser igual o peor que yo.”

Quienes así piensan, ignoran para su desgracia que quien perdona y actúa realmente en este sacramento es Jesucristo a través de ese sacerdote. No importa si dicho sacerdote sea santo o no, lo que importa es que por fe y por la investidura de su sacerdocio sabemos que es Jesús quien nos libera y ayuda con nuestras faltas.

Dice Benedikt Baur en su libro “Confesión Frecuente”: “La confesión frecuente no mira sólo hacia atrás, hacia lo que ha sido, hacia las faltas cometidas en el pasado; también mira hacia delante, hacia el porvenir, aspirando a la entrega total a Dios”.

Sobre el ayuno agregamos que en el Evangelio vemos en una ocasión donde Jesús les recomendaba a sus apóstoles esta práctica para los casos más difíciles!

Respecto a la limosna, decía San Juan Crisóstomo :“Cuando repartes limosnas, das dinero y recibirás cielo. Alejas la pobreza de otros y se te acercarán a tí las riquezas de Dios. Das cosas terrenas y recibirás bienes celestiales.”

Finalmente y de forma particular, nos referimos a la Eucaristía. Este es el misterio y centro de nuestra fe. Y es que Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre y quiere que todos nos acerquemos a su gran misericordia para que vivamos en su compañía y su gran amor para que seamos eternamente felices.