Hacia lo alto
Jornada Mundial de Vocaciones

http://hoy.com.do/image/article/137/460x390/0/A8E4C6F9-935A-43B0-AE6B-FB1E6112F6A5.jpeg

Leonor María Asilis E.
leonor.asilis@codetel.net.do 
Hoy se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

«Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Fueron las palabras de nuestro Señor Jesucristo con el fin de que su Reino se extienda por todo el orbe.

Y es que la Iglesia es misionera y todos en ella tenemos una vocación. Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a anunciar el Evangelio. Cada uno en el lugar que le corresponda.

Tú eres iglesia, yo soy iglesia, todos somos iglesia. Por esta razón, lo importante no es que sepamos que somos iglesia sino que nos sintamos Iglesia.

El Concilio Vaticano II hace notar que “aunque la tarea de propagar la fe incumbe a todo discípulo de Cristo según su condición, Cristo Señor llama siempre de entre sus discípulos a los que quiere para que estén con Él y para enviarlos a predicar a las gentes”.

Observar que en la multiplicación de los panes, ante la multitud desfallecida y con hambre, Jesús exhortó a los Apóstoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14, 16), enseñándoles de esta forma a ser solidarios ante las necesidades de los hermanos, ofreciéndole el pan no solo material que precisamos en este mundo terrenal sino el espiritual que nos alimenta y fortalece para el combate espiritual y poder salir victoriosos llegando a alcanzar la vida que no tiene fin, en la gloria de Dios.

Hoy más que en aquellos tiempos, es necesario orar por las vocaciones. “Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 38)

Veamos unas bellas palabras  dirigidas a la vida consagrada:

“La vida consagrada es sin lugar a dudas la perla preciosa de la Iglesia. Es la plenitud del servicio donde ya no se distingue de la vida personal pues, de hecho, ésta es de Dios a favor del prójimo. Si un día desapareciera, el mundo se sumiría en la noche del caos por falta de amor”.

En ocasión de la celebración de esta Jornada citamos un fragmento del mensaje de Su Santidad Benedicto XVI donde  resalta la labor del sacerdote:

“Entre las personas dedicadas totalmente al servicio del Evangelio se encuentran de modo particular los sacerdotes llamados a proclamar la Palabra de Dios, administrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, entregados al servicio de los más pequeños, de los enfermos, de los que sufren, de los pobres y de cuantos pasan por momentos difíciles en regiones de la tierra donde hay tal vez multitudes que aún hoy no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo…”

Terminamos esta breve reflexión con las palabras de la canción del Misionero:

“Señor, toma mi vida nueva, antes de que la espera desgaste años de mi, estoy dispuesto a lo que quieras no importa lo que sea, tu llámame a servir”.