Hacia un sistema electoral que libre al país de conflictos y sobresaltos

Hacia un sistema electoral que libre al país de conflictos y sobresaltos

Ahora que el tema de la reelección presidencial está nuevamente en encendido debate, aunque en términos meramente conceptuales, comienza a plantearse sobre el tapete otro ingrediente vinculado a esta cuestión con ideas y sugerencias sobre el modelo electoral de los Estados Unidos.

La propuesta y argumento en ese sentido es que de todas las fórmulas debatidas, la eventual adopción del sistema estadounidense de una reelección presidencial inmediata sin posibilidad de repostulación futura podría librar al país de las angustias y trastornadoras distracciones en los períodos preelectorales.

En teoría, naturalmente, esto beneficiaría la estabilidad de la economía nacional si con este mecanismo y el favor del electorado un presidente puede en dos períodos completar su programa de gobierno y satisfacer expectativas de la población en asuntos prioritarios, según han opinado en estos días algunos empresarios.

Elías Báez, Sandy Filpo y Yuri Chez han incorporado a la agenda nacional el tema del modelo electoral norteamericano, al sostener que contrario a lo que se ha sugerido últimamente de que no habría tiempo para intentar una reforma, sería factible introducirla, a fin de que pueda aplicarse en los comicios del año próximo. Asimismo, consideran que cuando se aprobó la nueva Constitución en 2010 se debió establecer dos períodos y nunca más, o dejar el sistema abierto a la reelección, permitiendo que los ciudadanos ejerzan libremente su derecho a la intención del voto, un mecanismo que permite premiar o castigar una gestión administrativa.

Una reforma constitucional en este punto, sin embargo, no es de fácil resolución, aunque nadie puede descartarla de plano si se pudiera llegar a un consenso, en medio de interrogantes y diferentes puntos de vista a nivel congresual y a lo interno de las organizaciones políticas, con aspirantes enfocados desde ya hacia las elecciones del 2016.

Pese a ser un tema que por su naturaleza es conflictivo y fuente de eternas controversias, se mantiene vigente con nuevos planteamientos como los que acaba de hacer el presidente de la Junta Central Electoral, Roberto Rosario, en lo que se ha denominado “las cinco llaves de la reelección” con la emisión de leyes distintas.

Independientemente de estos pasos, si algunos de ellos fueran indispensables como un referéndum, y de una diversidad de juicios contradictorios en materia jurídica sobre su ejecución, otro punto de frecuentes discusiones lo constituye la reelección del presidente en ejercicio en caso de reforma a la Carta Magna, si cabría computar la gestión en curso como primer período o no.

En lo que toca al presidente Danilo Medina, una eventual consulta popular podría favorecerlo por el alto nivel de popularidad que mantiene en su gestión de gobierno, aunque habría que tomar en cuenta la actitud que asuma la militancia y dirigencia de la oposición, hasta ahora un tanto dispersa y desunida.

Concentrado en su programa de gobierno, que tiene un énfasis particular en la educación y en el desarrollo del campo a través del apoyo a la infraestructura de pequeños productores, Medina ha declinado hasta el momento cualquier pronunciamiento sobre este tema.

Esta actitud no es de entrañar por la sobriedad y el comedimiento que se le reconoce cada vez que expone públicamente sus ideas y tomando en cuenta que se trata de una cuestión delicada y de múltiples aristas e implicaciones.

Aunque el presidente no estuviera interesado en una repostulación, y esto estaría por verse más adelante, la cultura y los antecedentes de la historia política contemporánea aconsejan a los gobernantes manejarse con mucho tacto para evitar adelantar juicios que los expongan a perder base de sustentación al final del período cual fueron electos.

La idea es que si un presidente muestra, aunque sea mínimamente, cierto desapego o desinterés sobre la llamada “silla de alfileres”, cuyos pinchazos no duelen si se piensa y actúa por el interés general, corre el riesgo de quedarse un tanto aislado y ningún gobernante puede exponerse conscientemente a tal situación, sobre todo si quiera seguir vigente en la política.

 

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