Hacia una economía descarbonizada

El termino en inglés “low-carbon economy” hace referencia a esas economías configuradas con fuentes de energía de bajas emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente de dióxido de carbono (CO2). El punto medio de estos sistemas implica la constante implementación de tecnologías que promuevan la eficiencia energética, bajas – o casi nulas- emisiones de CO2 y la seguridad energética.

La ciencia ha sido clara al referir que el cambio climático deviene, entre otros elementos, principalmente por el aumento de la temperatura global en 1.5 oC. Este incremento ha sido causado esencialmente por la adición de emisiones antropogénicas de CO2 y otros gases letales como el metano y el óxido nitroso (CH4 y N2O, respectivamente). Los efectos de estos gases en la atmosfera provocan el desbalance del sistema climático, provocando fenómenos naturales de magnitudes nunca vistas.

El cambio climático supone no solo un reto, pero una amenaza inminente que promete empeorar la calidad de vida de todos los seres vivos. En esta ecuación de emisiones que provocan el cambio climático, los sistemas energéticos son responsables de dos tercios de las emisiones globales. En el caso del CO2, la Agencia Internacional de Energía (IEA) calculó que en 2018 las emisiones de este gas alcanzaron unas 33.1 GtCO2 (giga- toneladas de dióxido de carbono), representando un incremento de un 1.7% con relación al año 2017. Traducido a concentración de CO2 en la atmosfera, las últimas mediciones de la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional de los Estados Unidos (NOAA), estiman que se ha incrementado de 303 a 407.4 PPM (partes por millón), es decir 400 moléculas de CO2 por cada millón de moléculas de aire, un 0.04% aproximadamente.

Sobre la base de lo que representan los sistemas energéticos, la razón principal para el aumento en las emisiones de CO2 en 2018 se debió al incremento en el consumo de energía como resultado de la expansión económica global. Entre los combustibles que lideran la producción de energía global, se encuentra el carbón mineral, que de forma individual produjo 10 GtCO2 (un 30% de todas las emisiones por producción de electricidad). La tendencia acelerada en esta tecnología es el cambio a gas natural lo cual ayuda a prevenir el incremento en las emisiones de CO2. Esta transformación, liderada principalmente por China y EEUU, ha sido gracias a políticas públicas y esquemas económicos enfocados en reducir el uso intenso del carbón mineral. De esta forma se evitó la demanda de más de 60 Mt (millones de toneladas métricas) de carbón mineral en 2018.

Las energías renovables, por su parte, se vieron afectadas por una baja de 8% en inversiones en 2018, lo cual provoco que mermara el incremento de su capacidad instalada global. Tecnologías como la fotovoltaica fueron afectadas por una sobre oferta de mercado, provocando una baja en su precio, pero también su demanda; además, se le impusieron tarifas en el mercado estadounidense. A pesar de esto, China lidero las instalaciones de esta tecnología en 2018.

Según estudios de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), el desmonte gradual del precio nivelado de energía (LCOE) de las tecnologías renovables, especialmente la fotovoltaica y de viento, se coloca en US$0.055 y US$0.075 por kWh, respectivamente. Este comportamiento favorece el aumento en el despliegue de las energías renovables globalmente, las que, por consenso internacional, representan elemento clave en la descarbonización y la transición energética.

Para la República Dominicana y la región del Caribe la meta de dirigirnos hacia economías menos intensivas en términos energéticos, cada año se ve más alcanzable. El evidente desarrollo de las tecnologías renovables favorece el acceso a ellas a la vez que las hace más atractivas para la inversión, quienes ya las comparan con los LCOE de las energías convencionales. El resultado de este efecto en cadena beneficia economías menos desarrolladas como la dominicana.

De acuerdo con la CEPAL, la República Dominicana creció 6.3% en 2018 y proyecta conservar un crecimiento sobre 5% para 2019, gracias a las inversiones en el turismo y las exportaciones agrícolas, mineras y de servicios. Estos sectores de la economía inevitablemente dependen del servicio de electricidad, el cual juega un papel clave en su estabilidad. Un servicio eficiente, permanente y sostenible garantiza reducción de costos, finalmente impactando la economía nacional.

En la fórmula de garantizar el crecimiento económico, pero incrementar la sostenibilidad y eficiencia del sistema eléctrico, las tecnologías renovables juegan un papel elemental. Este reto no ha sido tarea fácil globalmente y el país no está exento de lo que eso representa. Diferentes retos afectan el despliegue de tecnologías renovables en el país y para hacerlo dependerá de la capacidad que tengamos para administrar inteligentemente los recursos con que contamos.

En esta serie de publicaciones hare referencia a esos retos que enfrentamos como país: regulatorios, tecnológicos y de infraestructura. El objetivo de estas publicaciones es crear conciencia en el lector acerca del sector eléctrico nacional y global, entendiendo que la energía eléctrica es un producto de mercado y debe ser entendido como tal.