Hacia una reforma sin traumas

El país no tiene forma de evitar una reforma fiscal. En primer lugar, es ineludible porque la vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica (DR-CAFTA) obligará a un desmonte arancelario que provocará u déficit muy significativo en los ingresos del Estado.

Y aún si fracasara el tratado, tendríamos que trillar el camino de una reforma, aunque menos severa, para honrar nuestros compromisos disciplinarios con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero la reforma tiene que ser el resultado de un pacto social que involucre a los sectores empresarial, político, económico, financiero y, en fin, todas las fuerzas activas del país, y en esa virtud nadie puede pretender valerse de su fuerza, económica, política o como fuera, para forzar que la reforma tenga características que favorezcan a grupos particulares en perjuicio de los intereses del país.

–II–

Habida cuenta de que la reforma fiscal tendrá efecto sobre todos los sectores del país, nadie debería pretender capitalizar su debut en la conducción de cualquier grupo de influencia social sobre la base de imponer pautas en cuanto a las características de la reforma o condicionar su respaldo a un consenso a que se le garanticen tales o cuales beneficios.

Dicho de otro modo, sería un acto mezquino que el apoyo a un consenso sobre la reforma esté condicionado a que se garanticen concesiones de beneficio exclusivamente grupal.

Nadie está pretendiendo que en virtud de que la reforma es inevitable, los distintos sectores se dejen llevar hacia la misma como res al matadero. No, somos defensores de la disidencia bien intencionada, pero reprobamos que se aproveche la influencia social o política para forzar situaciones que ignoren el interés general de la nación.

–III–

Es un hecho comprobado que los dominicanos estamos cansados de que se nos secuestre la razón para exigir rescates que solo benefician los intereses muy particulares de grupos de poder. No hay que entrar aquí en detalles sobre ejemplos de abuso de la influencia y del poder practicados repetidamente por contadas entidades de esta sociedad. Sería llover sobre mojado.

Todas las fuerzas sociales deberían cooperar en la búsqueda de una avenencia que permita aprobar una reforma sin traumas, sin encerronas y sin la prevalencia de correlaciones numéricas para forzar decisiones interesadas.

Todos estamos en el deber de hacer valer las diferencias que hay entre los asuntos de interés particular o grupal y los que atañen a la nación, sin incurrir en sumisiones o renuncia a legítimas disidencias, pero también sin apelar a zancadillas ni encerronas.