¿Hacia una “trampa de liquidez”?

Desde el punto de vista de John Maynard Keynes, la Trampa de Liquidez se da cuando en una economía las instituciones financieras tienen problemas para encontrar prestatarios confiables. Esta situación conlleva el hecho de que con intereses activos muy altos y los pasivos muy bajos, se hace muy difícil encontrar potenciales prestatarios e inversionistas, en instrumentos de depósitos, a mediano y largo plazos.
El spread, entre uno y otro, es de aproximadamente de 10 puntos. Sin embargo, los consumidores continúan manteniendo sus depósitos en los bancos, en vez de invertirlos; aun el Banco Central trate de estimular la economía a través de inyecciones de capital. Esta actitud de los consumidores se debe a la “presunción” de que se avecinan días difíciles para el horizonte económico del país.
Tal y como lo predijo el profesor Keynes, las inyecciones de efectivo al Sistema Financiero no siempre logran el objetivo de bajar las tasas de interés activas, o en su defecto subir las pasivas. La Trampa de Liquidez se desarrolla cuando las personas acumulan efectivo porque creen que eventos inciertos se asoman a las economías: como una Deflación, baja Demanda Agregada de Bienes y servicios o, en su defecto, eventos de estallidos sociales.
Según muchos economistas, la crisis económica que se inició en el año 2008, generó una Trampa de Liquidez para muchos países. En el año 2010, el renombrado economista Paul Krugman inclusive llegó más lejos, al afirmar que todas las economías desarrolladas estuvieron dentro de esta situación.
Ante la imposibilidad de la Política Monetaria de “frenar” el desarrollo de los eventos, que podrían llevar a una economía hacia la Trampa de Liquidez, los economistas Keynesianos optan por instrumentos de Política Fiscal para impedir estos eventos. Aun se puedan “nivelar” las tasas de interés mencionadas, mediante la aplicación de la Política Monetaria, es muy importante que el Estado intervenga para lograr atraer esos “recursos rezagados”, por la actitud de los ahorrantes y consumidores, para convertirlos en proyectos de inversión sin endeudamiento externo.
El argumento es que ese aumento en el comportamiento del ahorro privado debe de ser compensado por políticas de endeudamiento interno público, a través de la banca privada, inyectando recursos para proyectos de inversión pública, que generen empleos y riqueza, a través de un aumento en la Demanda Agregada de bienes y servicios.
En las ciencias sociales, el concepto de “Equilibrio” depende de cuánto puede ceder un componente al otro en ambos lados de la balanza compuesta por las Políticas Fiscal y Financiera. La mal llamada “robustez” económica (según lo denomina el FMI) se alimenta del déficit fiscal y ha creado una situación que puede llegar al paradigma “de suma cero” donde ya no habrá “fuentes de alimentación” para ninguno de los dos componentes. De ahí en adelante, surge la debacle económica. Esperemos pues, que no lleguemos a estos niveles de insolvencia.