Hacia una verdadera transformación social y humana

Hacia una verdadera transformación social y humana

Teófilo José Abrahán León Tabar Manzur es el nuevo administrado de la Lotería.

Los sistemas a veces obligan a los gobiernos a invertir en obras no esenciales

Escuchando a obispos, sacerdotes, pastores y personas ligadas a los problemas sociales y conductuales, sobre todo cuando ocurren actos de violencia que causan muertes y trastornos intrafamiliares, obliga a reflexionar sobre las debilidades de nuestros sistemas.

Esas situaciones no son responsabilidades absolutas de los gobiernos. Mucho menos de los que apenas comienzan o no han gobernado ni siquiera un año, sino del sistema. Porque aunque algunos no lo entiendan así, los gobiernos son hijos de los sistemas, con sus virtudes y defectos. Por eso es que algunos todavía hablamos de cambios de estructuras. Cambio de sistemas.

Porque los sistemas muchas veces han obligado a los gobiernos a invertir miles de millones de pesos en obras no necesariamente esenciales. Que no han contribuido a resolver problemas sociales o conductuales de manera permanente. Sino a satisfacer anhelos de sectores de poder con planes y proyectos ajustados a sus conveniencias.

Por eso, en periodos especiales como el actual producto de la pandemia que azota al mundo, es recomendable hacer un replanteo oportuno de las verdaderas necesidades y soluciones. Las que puedan conducir a las naciones a un desarrollo armónico. No necesariamente acelerado, sino prudente, bien elaborado. Obedeciendo a las complejidades generales.

Siempre hablo de reflexionar sobre los aspectos de la filosofía social y política comprendida dentro del pensamiento del humanismo integral con el grupo de dominicanos que ha hecho causa común con él desde hace largo tiempo. Que aunque algunos podrían considerarlo obsoleto y fuera de lugar, para nosotros tienen vigencia. Porque son planteamientos y pensamientos universales.

Se trata de un proceso que requiere un cambio radical en nuestro régimen de cultura. Lograr una transformación substancial. Pero esa transformación substancial no solo exige la instauración de nuevas estructuras sociales y de un nuevo régimen de vida en sustitución de los modelos tradicionales, sino también y consustancialmente, una ascensión de las fuerzas de fe, de inteligencia y de amor que brotan de las fuentes interiores del alma.

Procurar cambiar al hombre en su forma de pensamiento y acción. Ayudarlo a transformarse en sí mismo. Con sentido cristiano. Hacer morir las malas prácticas para dar paso a un hombre nuevo. El que lentamente se formaría en la historia del género humano, como en cada uno de nosotros, hasta la plenitud de nuestra esencia.

Una transformación como tal requiere, por una parte, que sean respetadas las exigencias esenciales de la naturaleza humana y la primacía de los valores trascendentes que justamente permiten y preparan para una renovación. Y por la otra, que se comprenda que un cambio semejante no es efecto de medios externos y mecánicos, sino principalmente vitales e internos. Tomando en cuenta la naturaleza humana y sus necesidades. Lo trascendente.

Alcanzar las estructuras de la vida social y humana junto a una verdadera realización social. Nueva cultura. Nueva forma de pensamiento. Comprender que es vana la filosofía que hable de la persona humana, si no se trabaja en esencia para transformar las condiciones que la oprimen. Y pienso que estamos en buen momento para lograrlo.