Haití, causa de nadie

Roelisabell García Rossó
Roelisabell García Rossó

Hace un año visité por vez primera el vecino país de Haití, y debo confesar que  igual que a muchos, en el trayecto afloraron todos mis prejuicios, ¿qué iba a buscar para Haití?

Luego de pasar por el desorden que adorna la ciudad principal, llegué a un hotel igual que oasis en un desierto, cómodo, bonito y con finas atenciones; estaba yo en una burbuja en medio de la imagen triste del país que tanto describen y que la naturaleza ha sido inclemente con ellos.

Con fuertes lluvias, los rumores de protestas y lo que veía por las redes, inició la jornada que me llevó hasta allí, ahí estábamos, 35 Jóvenes entre ellos 20 de Haití, sumergidos en debates, ideas, sueños, deseos y proyectos, inspirados por la pasión y el  compromiso de hacer de nuestro mundo un lugar más justo ( si, en Haití).

Fue para mí una grata sorpresa, una inyección de esperanza conocer tantos jóvenes de Haití, preparados y dispuestos a luchar por su país, ese que para muchos es un drama sin fin, un caso perdido, para otros un circo, para los más despiadados un negocio.

Ya complacida mi oculta curiosidad de años por conocer esa realidad, surgieron muchas preguntas: ¿De verdad alguien quiere ayudar a Haití? ¿Podrán en algún momento salir adelante? ¿Qué pasará con tantos jóvenes que sueñan con que su país avance?  ¿La comunidad internacional y los organismos que se han adueñado de Haití en algún momento mostrarán resultados de su “labor”?

Sí, eran muchas preguntas, pero no bien terminaba de formularlas todas,  hace días el Huracán Matthew me regaló unas más: ¿Por qué el mundo no está orando por Haití como lo hizo por París? 800 y tantos muertos (hasta el momento de escribir esto aún el gobierno y los organismos allí presente no se ponen de acuerdo con la cifra) ¨Nadie es Haití¨, ¿Será que tragedia de pobre no conmueve? ¿En realidad a nadie le importa ese país?

No puedo ser indiferente a la situación de Haití, pero tampoco a la hipocresía de quienes “defienden” a los haitianos que vienen a República Dominicana, de esos que prefieren poner etiquetas de “anti” y “pro” para poder pescar en mar revuelto y se han lucrado a costa de los haitianos, pero que esos que están en la otra parte de la isla, esos que solo sueñan con que en algún momento la ayuda que reciba Haití sea para estabilizar y levantar su país, esos no les importan. Ese país llamado Haití, no es su causa, y por lo visto no es causa de nadie.