Haití: ¿Cul de Sac?

Manuel Alejandro Valerio, profesor de Derecho y Relaciones Internaciones PUCMM

El  profesor Juan Bosch, en el prólogo de una obra del prominente intelectual y luchador haitiano Gerard Pierre Charles, describió de manera premonitoria la lúgubre realidad de Haití, que al día de hoy todavía tiene vigencia y la cual vale la pena citar textualmente: “Haití no es un país que se desarrolla, sino un país que regresa a etapas que el mismo había superado hace años. Cada día que pasa Haití genera más problemas que medios para resolverlos. A tal punto se ha convertido Haití en un ejemplo de sociedad en regreso—opuesta, por tanto, al concepto de sociedad en desarrollo—que desde 1963 bauticé con la palabra ‘haitianización’ el proceso por el cual algunos países de América habían hecho un alto en su desarrollo…”[1].

 Muchos quisieran ignorar esa realidad tétrica que está presente en Haití, la cual no es motivo de alegría para nadie que quiera un mejor destino no tan solo para los haitianos, sino para la estabilidad de los países que comparten la isla, porque lo que ha pasado en suelo haitiano no es un proceso de “humanización” de la vida, sino un proceso de “deshumanización” que nos afecta a todos. La RD no es perfecta, y como nación tiene grandes retos presentes y futuros, en especial el pago de la gran deuda social que existe, pero de ahí a querer correlacionar los problemas de Haití con los problemas dominicanos, es simplemente inaceptable o un engaño.
Independientemente donde usted se posicione desde el espectro ideológico, o en el caso de los dominicanos respecto a la Sentencia 168, la situación de dificultad por la que atraviesa Haití no puede obviarse, si es que se quiere realmente adoptar una política de Estado hacia nuestro vecino, que incluya claramente un componente de desarrollo integral del mismo.
Muchos intelectuales haitianos y observadores internacionales, incluyendo varios dominicanos, consideran que los problemas de Haití se deben esencialmente por la falta de un gobierno digno del pueblo haitiano. Así vemos que desde el siglo XIX, intelectuales haitianos como el economista Edmond Paul, y el sociólogo Louis Joseph Janvier, hasta los tiempos modernos como Antoine Michel y Leslie Manigat, siempre han centrado sus críticas a los problemas del Estado-nación haitiano en los gobiernos que lo han conducido. A nuestro juicio, consideramos que esta aproximación, tal y como afirma el fenecido y destacado antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot, es bastante“simplista que no conduce a nada”[2].
La crisis que afecta a Haití es bifurcada: i) En primer lugar, es una crisis societal, y ii)  en segundo lugar, es una crisis estructural del Estado. La primera tiene como elemento principal la incapacidad del binomio pueblo-élites de consensuar una agenda común que permita por lo menos estabilizar Haití. Y la segunda, la crisis estructural del Estado, tiene como telón de fondo el desmantelamiento de los elementos estaduales por factores sistémicos (internacionales) y factores internos (crisis múltiple a nivel político, social, económico y medioambiental).
Para revertir esta crisis aguda, Haití tendría que sufrir una catarsis interna que lo obligue a redireccionar su manejo político y reconstruir el Estado y su tejido social, ya que es restableciendo ambos que los haitianos podrán salir del profundo abismo en que se encuentran. No es una transformación del Estado a lo que nos referimos, sino una reconstrucción del mismo basado en un cambio en las estructuras societales que implique alterar el status quodantesco que padecen los haitianos. Esto, indudablemente, como todo en la historia de las naciones debe ser un esfuerzo interno de los haitianos, que no pasa por mantener una ayuda o tutelaje exterior permanente, o transferir sus problemas a Estados vecinos como es el caso de la RD, que en estos días se encuentra nuevamente asediada diplomáticamente por la siempre sigilosa y hábil diplomacia haitiana.
La historia nos enseña que ninguna nación ha progresado en base única y exclusivamente a la ayuda o tutelaje internacional, sino sobre la base de un proceso de asunción de responsabilidades por el liderazgo nacional y un apoyo masivo de la ciudadanía a nivel popular.
No se pueden extrapolar realidades societales para hacer o inferir un análisis lineal del desarrollo de un Estado-nación, pero si se puede afirmar qué países que han tenido déficits estructurales a nivel del Estado y la sociedad han sabido levantarse de nuevo recibiendo ayuda del exterior, pero condicionada a una agenda de desarrollo nacional interior. Múltiples factores contribuyen al desarrollo de un país, desde el nivel educacional de su población, pasando por la cultura y ética de trabajo de la misma, hasta factores climatológicos se estiman que son elementos cardinales para lograr el desarrollo en términos socioeconómicos.
Pero no es eso lo que acontece o ha acontecido en Haití, no después del terremoto, sino anterior a éste. La realidad haitiana pudiera ser descrita, como lo diría Joseph Conrad, como “un viaje al corazón de las tinieblas”. Algunos verán en esto un tremendismo, pero si no lo creen tan solo basta ver las imágenes del último “boat people” que colapsó en aguas de las Bahamas en esta misma semana, donde fallecieron 30 haitianos y 110 sobrevivieron por el momento, ya que en las próximas horas o días serán deportados a territorio haitiano por las autoridades bahameñas[3].
Esta es la imagen que muestra el desasosiego que se ha apoderado de la población haitiana, guste o no a aquellos que quieren enmascararla por deseo, ideología, interés económico, o agenda personal de intereses particulares. Y antes de hacer una valoración prejuiciada sobre estas ideas planteadas, verifique usted mismo los indicadores contenidos en el Índice de Estados Fallidos hecho por el Fund for Peace y la revista Foreign Policy[4]. A nivel mundial, Haití quedó en el lugar #8, con una puntuación de 105.8, lo cual muestra una metástasis de los problemas estructurales en todos los niveles.
Por consiguiente, vale la pena preguntarse: ¿Son estos indicadores una muestra de un país estable, un Estado fuerte y viable en el corto, mediano y largo plazo? O acaso, ¿Son estos indicadores pruebas irrefutables de la frase lapidaria del profeso Bosch, de que Haití es una “sociedad de regreso” o involutiva, una sociedad que parece estar postrada en un “cul de sac”?
A pesar de que creemos que ninguna “sociedad se liquida”, no podemos dejar de afirmar que Haití se encuentra más próximo a la descripción hecha por el expresidente dominicano, dado que no hay ninguna señal que muestre un desarrollo tangible y sostenible al corto, mediano y largo plazo que permita salir a la sociedad haitiana del atolladero en que se encuentra.
De nuestra parte, como Estado y sociedad, solo queda despertar ante esta situación, antes que se convierta en una “pesadilla” para todos nosotros.
***El autor es Profesor de Derecho y Relaciones Internacionales de PUCMM

Twitter: @mvjavj E-mail: manuelalejandro.valerio@gmail.com


[1] Prólogo de Juan Bosch en la obra de Gerard Pierre Charles, Radiografía de una dictadura: Haití bajo el régimen del Doctor Duvalier, Editorial Nuestro Tiempo, México, 1969.
[2]Trouillot, Michel-Rolph, Haiti: State against Nation, Monthly Review Press, New York, 1990, p.18.
[4] Ver Índice de Estados Fallidos 2013 y sus documentos en el siguiente link: http://library.fundforpeace.org/fsi13