Haití: El antes y el después

Cada acometida de la naturaleza le levanta la falda a Haití y le deja ver toda su desigualdad, todas sus carencias y miseria humana.

Hace poco se mostró al mundo a un grupo de niños hambrientos, hinchados por la destrucción, comer galletas de lodo y sal para mitigar el hambre; sin embargo, el mundo poco se asombró, no se movilizó, ni mandó la ayuda, ni extendió la mano amiga.

El antes de Haití es altamente conocido: inequidad, injusticia, pobreza extrema, analfabetismo, muerte materna e infantil, corrupción, mercado ilícito, dictaduras, pobre esperanza de vida y desesperanza aprendida.

Los países ricos y el mercado desigual prefirieron anular los sentidos: no ver, no escuchar, no hablar, no sentir; solamente presionar para que los dominicanos sean tolerantes a la migración.

Ahora, ha vuelto la naturaleza a la carga, para los absolutistas que buscan empobrecer la causa del terremoto, la culpa es de un pacto diabólico de ese país negro. ¡Qué bárbaros! Una respuesta simbólica para tapar y negar la falta de solidaridad humana.

Para otros, la desgracia siempre acecha a los más vulnerables, a los más riesgosos y a los indefensos que no saben cómo enfrentarla.

El después llegó con terremoto, con muertes masivas, lesionados y mutilados de por vida, con más desesperanza, con miedo, pánico, depresión y carencias sociales y sicoemocionales.

Ha puesto a esa nación de rodilla, más familias desamparadas, más niños hambrientos, sin escuela, sin padres y sin identidad. Haití vive el S. O. S.

La ayuda debe ser por largo tiempo; cada nación rica debe ahora encargarse de ayudar a reconstruir los símbolos: Palacio presidencial, iglesias, escuelas, hospitales, casas e identidad sicosocial.

Los haitianos son fuertes, tienen historia de soporte y resistencia, de orgullo y de dignidad. La carencia de líderes sanos, funcionales y altruistas ha sido la diferencia. Pueblo saqueado, corrompido, a merced de los que se han servido en la taza grande y han explotado su condición de país, pero sabe resistir.

Es tiempo ahora de construir bajo la solidaridad mundial, para volver a la dignidad humana en un mundo con justicia social, más inclusivo y menos desigual.