Haití: Es imposible no hablar de ti

Cómo no hablar de ti, es  imposible.  Haití tan querida por sus poetas, su emblemática Toto Bissainthe y su  “Haiti Chérie”, allá en París en los setenta y algo. Pero, cómo deshacerse de la imagen del Palacio, reducido a un montón de piedras, edificios caídos como un juego de naipes por una Tierra moviéndose: ella sorprende, nos deja  indefenso, no da tiempo: la suerte o la muerte.

Y ahora el mundo volcado hacia ti, Haití, te llegan las muestras de  solidaridad y hermandad que son los valores más nobles del Ser Humano.

Y vuelven incesantes esas imágenes insoportables,  miradas y soledad frente al drama, estupor de una población atrapada en la misa,  en un fin de día cualquiera, que pasó a la Historia.

Cómo no hacer preguntas idiotas ¿por qué tantas pruebas contra ese pueblo? ¿Parece otra venganza contra la primera Nación negra que rompió las cadenas del colonialismo francés, que ridiculizó el ejército napoleónico? Cuántos franceses saben eso? Pocos, el silencio de la Historia oficial, ¡ganar una batalla contra el Goliat de la época, ¡se recuerda el mundo de esa hazaña tan grande, entre las más grandes! Haití llegó a destiempo en la Historia de la Humanidad, los imperios le hicieron pagar muy duro ese atrevimiento.

Difícil es pensar en otra cosa que no sea solidaridad, hermandad. Difícil es no asociar la suerte y la generosidad del pueblo dominicano con la del pueblo haitiano. El uno depende del otro, así de sencillo.

Haití y sus sufrimientos  está ayudando al pueblo dominicano en reencontrarse  consigo mismo; éste necesitaba una tregua moral y un espacio de libertad, para decir al mundo  que no solo  llena los prostíbulos del mundo sino que es capaz y deseoso  de  llenar el mundo de su fe, de su cultura de bondad,  de demostrar sus valores profundos,  desbordarse con fe y  con gestos tan humildes y hermosos como dar el agua, curar,  sanar, apaciguar el dolor, salvar vida, con lo poco  que tiene.

Haití viene ayudar a un pueblo que sus políticos han  subestimado, deben hoy,  gracias a ella, recomponer su discurso; el pueblo demostró que el suyo es del amor.