Haití, la tierra y la vida

El agrónomo Rafael David Carrasco Recio proponía la compra de carbón vegetal a una de las islas del Caribe (que no recuerdo a cuál) para  preservar la cubierta boscosa y dedicar mucho dinero a la reforestación; no se le hizo caso.

Don Manuel Arsenio Ureña, un verdadero héroe nacional, me enseñó en su casa de campo cercana a Santiago, que la tierra se hace.

Cuando decidió sembrar macadamia en Los Montones, todos le decían que no valía la pena porque  daba frutos a los 20 años. Hizo hoyos para hacer la tierra, los llenó de buena tierra y de nutrientes, sembró la macadamia y hace años que muestra orgulloso la plantación. Además, enseñó a cascar la dura cubierta del fruto y lugareños del derredor tuvieron una nueva fuente de ingresos.Cuando decidí sembrar nísperos hice hoyos, los rellené de buena tierra, estiércoles secos y nutrientes, seguí el buen ejemplo y ya he disfrutado de dulces frutas.

Frank Moya Pons, en la década de 1970, me presentó un norteamericano que trabajaba en Haití en un programa de reforestación que empleaba mano de obra local para la siembra y cuidado de una determinada cantidad de árboles. A los participantes se les pagaba una suma de dinero mensual para cuidar el crecimiento de los árboles hasta que pudieran ser beneficiados.

Como todos, invierto buen tiempo en ver, escuchar y leer las noticias relacionadas con el terremoto y su secuela, una herida en el mismo corazón de Haití.

Veo y escucho, leo y me enojo, me emociono o me conforto al ver la respuesta de todos, ante una tragedia de proporciones ciclópeas para una sociedad como la haitiana, afectada desde hace muchos años por problemas que no han sido abordados con la perseverancia y la decisión requeridas.

Puede que haya sucedido pero no he visto nada relacionado con la solidaridad entre haitianos, con grupos de nacionales que se desplazan de un pueblo a otro, para acudir en auxilio de sus compatriotas que no sean sus familiares.

La tragedia ha provocado que se pase de la palabra a los hechos y la solidaridad se ha manifestado con presteza y abundancia.

La respuesta a las necesidades de auxilio médico, suministro de medicamentos y toda suerte de atenciones ha sido consistente. También el rescate de heridos bajo edificios aplastados. Comida, ropa, calzados, casas de campaña, ofrecimiento de reconstrucción de casas y edificios, ha llegado.Lo que no he visto es que la ayuda incluya una vara de pescar para que la gente aprenda a vivir de su esfuerzo.