Haití, moneda de cambio

El enfoque con el que República Dominicana viene gestionando sus relaciones con Haití es profundamente equivocado. Y esa es una de las razones por las que Haití es cada vez más pobre y vulnerable. También, explica porqué las conquistas de la nación dominicana están más amenazadas que nunca antes en su historia.
Está comprobado que cualquier desastre natural, o la aparición de enfermedades que golpeen a Haití, agravan en forma dramática las condiciones de vida de su población, aumentando presiones y riesgos sobre RD.
Pero el liderazgo dominicano, con excepciones contadas, ha optado por asumir alegremente el rol asignado desde los EUA, la UE y los Organismos Internacionales: ser Estado pivote de ese emblemático Estado Fallido.
Dentro de ese rol de pivote está ser zona de amortiguamiento de presiones migratorias desbordadas para evitar su salida por mar, así como factor hegemónico en la Isla.
El “premio prometido” es el supuesto mercado de 20 millones, abundancia de mano de obra barata, generosidad con créditos e inversiones; y sobre todo, apoyo o apaños a los “colaboradores”. También, ser reconocidos como “humanitarios”, después de ser estigmatizados como “racistas” y “nazis”. Las potencias y la Comunidad Internacional, en general, saben que Haití devino en Estado Fallido hace mucho tiempo, por un proceso muy complicado, donde la responsabilidad histórica de algunas de esas potencias es alta.
Hace más de 20 años que está intervenido, y lejos de adoptar y ejecutar un plan serio de reconstrucción de Haití en Haití, -un Miniplan Marshall – prefirieron buscar “salidas” tan fáciles como irresponsables. En realidad, no tienen ninguna razón para hacerlo mientras República Dominicana siga facilitando su “solución insular”, falsa, minimalista, contraproducente, cínica, imperialista.
En ese contexto, actores políticos, empresariales, intelectuales, religiosos, sociales, carentes de visión estratégica en función de intereses nacionales, o imbuidos de enfoques superficiales o vanidosos, se han acomodado a la idea de que Haití y los haitianos sirven de “moneda de cambio” en sus relaciones con los poderes foráneos. Pero eso sólo estimula la irresponsabilidad de la CI y de las clases que desgobiernan y depredan Haití.
Mientras las élites de aquí “resuelven” sus problemas, o aseguran sus ventajas en el corto plazo, todos los problemas estructurales de ambas naciones se agudizan y nos envuelven progresivamente en un escenario de desestabilización.
No olvidemos que los haitianos, en especial sus líderes, cargados de resentimientos y desesperanzas, tienen la actitud del que “todo se le debe” y del que “no tiene nada que perder”.

Los hechos últimos vuelven a confirmar lo antes dicho. Aunque a algunos les resulte difícil admitirlo, urge cambiar a fondo la política exterior e interior. !Es justo y necesario, por Haití y República Dominicana!