Haití: una solidaridad a largo alcance

El drama que actualmente vive el pueblo haitiano lo ha situado en el corazón del mundo y de manera particular en el corazón del pueblo dominicano. Sin ningún titubeo, con acciones concretas, el gobierno dominicano con su presidente y ministro de salud a la cabeza,  desde el suelo haitiano han marcado la urgencia de la ayuda que necesita Haití en este momento.

Ese gesto del Presidente y la rápida acción de articulación de esfuerzos de diversas ONG e instituciones dominicanas y de ayuda internacional radicadas en nuestro país para canalizar e identificar las principales fuentes de ayuda inmediata, marcan la tónica de una solidaridad con Haití que puede ir más allá de la infausta coyuntura.

La RD debe seguir siendo el principal centro de acopio de la ayuda hasta que la circunstancias internas de Haití así lo determinen, debe ser punto de referencia para la canalización de la ayuda material hacia el vecino país, pero es responsabilidad principal de la sociedad haitiana encontrar la vía para crear las condiciones políticas y sociales para que el proceso de reconstrucción descanse  fundamentalmente sobre sus propios hombros y en su propio territorio.

A breve plazo, eso no parece posible, pero no es sostenible a largo plazo un proceso de ayuda masiva para el país proveniente de tan diversas fuentes sin que haya una articulación interna con la suficiente legitimidad que evite malos entendidos sobre hacia cuáles sectores sociales ésta debe ser dirigida. Una legitimidad que evite que la masiva ayuda se convierta en fuente de corrupción y de apuntalamiento de inescrupulosas mafias locales vinculadas a empresas extranjeras especializadas en la intervención de recuperación de países siniestrados por fenómenos naturales o por guerras.

Desde el punto de vista político, el gesto de nuestras autoridades, al igual que el del gobierno de Cuba que ha permitido que los aviones de los EE.UU. sobrevuelen su espacio aéreo y a su vez, el de este último país que ha anunciado, a través de su presidente, que su ayuda será masiva y a largo plazo, constituyen actos que deben trascender la coyuntura y orientarse hacia la reconstrucción de Haití desde una perspectiva de sostenibilidad en el tiempo, teniendo al pueblo haitiano como la clave de dicha sostenibilidad.  

En las condiciones actuales, sin una fuerza militar y sin la presencia de técnicos de países amigos, será imposible imponer un mínimo de orden y de eficacia en el funcionamiento de los servicios básicos y la reconstrucción de las infraestructuras básicas para el funcionamiento  del país: la estructura vial, el aeropuerto, etcétera.

No es esta la primera vez que en Haití se destruye la base material en que descansa su estructura económica y social. Ahora, más que en la primera vez, el concurso de fuerzas externas para reordenarse es básico. La presente coyuntura es una oportunidad que debe ser aprovechada para ese fin. De esos son conscientes los haitianos, pero algunos de sus amigos mantienen la ilusión de que sea de otro modo. Oigamos a los haitianos.