Haití visto en perspectiva

Los dominicanos y dominicanas han reaccionado ante la tragedia haitiana con una actitud solidaria que nos enaltece. El gobierno ha hecho lo que le correspondía ante esta gran tragedia, ordenando movilizar los recursos con que cuenta y abriendo otras importantes facilidades. Es justo reconocerlo públicamente.

Lo de Haití, como dije en mi anterior artículo, es una tragedia social. Son las condiciones que le han impuesto las potencias y la clase dominante haitiana a ese heroico pueblo, lo que ha generado la profundidad de la tragedia.

Hay tres aspectos de principio que todo demócrata y revolucionario debe defender firmemente:

Uno: Todo lo que se haga en Haití debe hacerse en base a la movilización creciente del pueblo haitiano. Dos: Hay que cortarle las manos a las instituciones y personas que se aprovechan personalmente de la tragedia, en vez de tener como norte el beneficio de las grandes mayorías de nuestro empobrecido hermano.

Tercero: Les corresponde a todos los revolucionarios y demócratas, tanto de Haití como de cualquier otra parte del mundo, estar alerta y denunciar todas las acciones que violenten la Soberanía del hermano país.

Quiero entonces hacer otras puntuaciones:

Se necesita un gran ejercito civil y militar de voluntarios extranjeros que contribuya con las autoridades y pueblo haitianos a organizar la ayuda, garantizar el orden y aportar los conocimientos y recursos logísticos para hacer efectiva esta tarea, pero que la potencia de los Estados Unidos, de la que conocemos su voracidad y sus intenciones, se aproveche de la tragedia para meter sus soldados, en cantidad abrumadora, es un hecho en extremo grave y de consecuencias futuras negativas para ambos pueblos.

Reitero lo que dije en mi anterior artículo: Desde los días de la gran lucha contra el proyecto de instalar la minera Hispaniola en el corazón de la zona denominada “madre de las aguas”, el cual fue derrotado en una lucha de varios años, que integró a casi todo el pueblo dominicano, tenemos la información de que una transnacional extranjera, tenía en aquella época, la concesión de una mina de oro ubicada en la frontera de la República Dominicana  y Haití, a la altura del río Artibonito, cuyas reservas la convierten en  la segunda en tamaño de occidente. La concesión de esa mina se ha reiterado en la fiesta de concesiones que este gobierno ha impulsado, y debemos buscar más datos y estar alertas ante esta situación.

Por último, en el próximo artículo voy a referirme a los síntomas de cambios de  estrategia del doctor Leonel Fernández ante los nuevos acontecimientos de América, mezclados ellos con la tragedia haitiana.