Haití y la comunidad de países

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
El presidente de Chile, Ricardo Lagos, ha dicho en varias ocasiones que América Latina tiene un compromiso frente a Haití, con su estabilización política y económica, y ha dejado claro que los gobiernos y organismos regionales no pueden fracasar en la búsqueda de salidas adecuadas para la nación caribeña.  Inacio Lula da Silva, el avanzado presidente del poderoso Brasil, también ha reclamado de las naciones de la región una atención especial hacia Haití y, en esa línea de pensamiento, promovió una reunión del Grupo Río para analizar, discutir y considerar aportes para la solución de la crisis haitiana.

En esta reunión, celebrada a principios de este mes en la capital carioca, se aprobó coordinar una cooperación de los países miembros.

Haití es una nación que ha vivido prácticamente dentro de una gran crisis. Unas veces ha sido una crisis bajo el silencio de la dictadura y otras veces, como ahora, ha sido una crisis ruidosa, caótica, llena de precariedades, en medio de una tremenda inestabilidad política y con una ausencia de desarrollo económico que ha convertido a ese país en el más pobre de América Latina y el Caribe y en uno de los más pobres del mundo.

La rapacidad y la ineficiencia de la dictadura de los

Duvalier dejó a Haití huérfano de obras básicas de infraestructura y de instituciones políticas, sociales y económicas. El período posterior lo que hizo fue profundizar esas carencias y agravar el malestar de la gente.

Los haitianos cifraron su esperanza en Jean Bertrand Aristide, un demagogo que utilizó el púlpito eclesiástico para enamorar a los buscadores de esperanza. Este demagogo, quien con sus expresiones melifluas y su redentorismo embaucó hasta a los intelectuales, devino en un amador de sí mismo y del poder. Su largo y accidentado paso por el gobierno no le dejó nada a esa nación, como no fuera incertidumbre.

Ahora Haití está, después de una intervención diplomática y militar de los Estados Unidos, bajo una Misión de Estabilización de las Naciones Unidas, con un presidente y un primer ministro interinos. Pero carece de dinero para financiar las obras mínimas necesarias para sentar las bases de esa estabilidad que se busca.

Los países ofrecen y ofrecen, pero la ayuda no llega. El Banco Mundial ha elaborado un voluminoso estudio sobre las necesidades fundamentales del país y ha dicho que se necesitan mil 300 millones de dólares para crear puestos de trabajo, para rehabilitar el viejo y deficiente sistema eléctrico, para introducir mejoras en el sistema(¿?) sanitario y para levantar obras básicas de infraestructura.

La grave situación de Haití quedó agravada por el paso, este año, del huracán Jeanne. Informaciones procedentes de ese país dan cuenta de que unas 300 mil personas perdieron sus viviendas, que unas tres mil murieron y que se registró una cantidad igual de heridos. Hubo daños severos en la agricultura y en la salud de la gente.

Estos hechos no detuvieron, sin embargo, los desmanes de los llamados rebeldes y de los remanentes que siguen a Aristide y que reclaman, bajo el grito de muerte, el retorno del expresidente, ahora establecido en una nación africana. Por el contrario, ha habido enfrentamientos, muertes, quema de vehículos y saqueos de negocios.

El cuadro que presenta Haití al día de hoy es, en síntesis, de mayor inestabilidad política, de precariedad económica, de éxodo hacia las islas caribeñas y hacia la República Dominicana, de consolidación de las actividades del narcotráfico, de proliferación de grupos armados y de más y más miseria.

La comunidad internacional y los países que en algún momento han expresado interés en cooperar con Haití, no terminan de poner sus manos en el arado. El premier Gerard Latortue y el comisionado de las Naciones Unidas, Gabriel Valdez, han expresado, con razón, su inconformidad con la pobre asistencia económica de parte de las naciones que prometieron hacerlo. Ha faltado compromiso, ha faltado solidaridad, ha faltado interés, ha faltado visión.

La crisis haitiana, tan profunda y tan prolongada en el tiempo, ha puesto de manifiesto la incapacidad de los gobernantes, elites y partidos de esa nación para superar sus problemas. Pero también ha puesto sobre el tapete la inhabilidad de los organismos internacionales para asistir a países incapaces de valerse por sí mismos y ha puesto de relieve la falta de solidaridad de los miembros de la comunidad internacional.

bavegado@yahoo.com