Haitianos en el desarrollo de RD

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POR CARMEN CARVAJAL
La inmigración haitiana provoca más perjuicios que beneficios a la economía nacional. Estudios elaborados por organismos internacionales indican que la masiva presencia de los nacionales del vecino país ha operado como retranca en la incorporación de nuevas tecnologías y retrasado el logro de mayores beneficios a los trabajadores criollos.

El “Informe Nacional de Desarrollo Humano República Dominicana 2005”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) afirma que la baja calificación y productividad de la inmigración haitiana, que labora en el país por sumas irrisorias, actúa como ancla del salario general de la economía y es un desestímulo a la incorporación de progreso técnico y de tecnologías más eficientes.

Al abordar el tema de la inmigración y los mercados laborales, el estudio indica que en la lógica de los empresarios criollos, éstos se abstienen de invertir en tecnología porque  piensan que siempre pueden contratar a un trabajador haitiano dispuesto a trabajar por un salario bajo, “lo cual limita la expansión de las libertades para los ciudadanos dominicanos y haitianos”.

Reconoce, sin embargo, que para los haitianos, al venir a la República Dominicana, amplían sus opciones al disponer de algún trabajo e ingresos, opciones no disponibles en Haití.

El informe dedica un capítulo a toda la inmigración, resaltando que está compuesta mayoritariamente por hombres.  Destaca que según es baja la escolaridad de los haitianos, así es notablemente alta la del resto de la inmigración.

 En el caso de los haitianos, el 52.1% de acuerdo a estudios del 2003 y 2002, no tenía ningún tipo de escolaridad, en tanto que el nivel de analfabetismo superaba el 50%. El 43.9% había cursado algún grado de la educación básica y el 4% el nivel medio.

En cambio, los niveles de escolaridad del resto de la inmigración extranjera en el país es muy elevada, ya que el 66.4% tiene nivel universitario y postuniversitario. En estos grupos, el nivel más bajo de educación es la secundaria.

Esta realidad, sumada a las difíciles circunstancias sociales y económicas que viven en Haití, les dificulta alcanzar los salarios más bajos del mercado laboral dominicano en las plantaciones agrícolas, la construcción y el servicio doméstico.

“El impacto de la inmigración redunda entonces en una ausencia de incentivos para los sectores de la economía involucrados con esta mano de obra infravalorada, para modernizarse y eficientizarse de forma que se corresponda con las metas definidas desde el desarrollo humano, como son el incremento de las oportunidades y el incremento del rango de opciones de la gente”.

Los inmigrantes haitianos, indica el informe, se incorpora en los segmentos del mercado laboral, caracterizados internacionalmente como las tres “P”, es decir, pesados, peligrosos y precarios.

La “Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo del 2003”, elaborada por el Banco Central, determinó que el 67% de los haitianos se dedica a la agropecuaria y la construcción, mientras que sólo el 6.9% de inmigrantes de otras nacionalidades se dedica a este sector.

En una tendencia creciente, el 27.7% de los haitianos se ha incorporado al comercio, mientras que apenas el 0.7% desempeña labores de las denominadas de cuello blanco.

En cambio, el 80.1% de los extranjeros de otras nacionalidades está incorporado al trabajo de cuello blanco y solo el 5.7% a actividades de obreros. Los no calificados en este grupo es de apenas el 3.4%.

El informe destaca la elevada proporción de extranjeros no haitianos que ocupan funciones de alta dirección, que en términos relativos es diez veces superior a la de los nacionales dominicanos ocupados en funciones similares.

Destaca que, en el caso de los haitianos, desde mediados de los 80 se producen nuevas tendencias en cuanto a la incorporación a otros mercados laborales, y se registra un aumento destacado de la participación de mujeres de esa nacionalidad, básicamente en el comercio, con el 52.3% y los servicios.

En el sector azucarero, originario mercado laboral para los haitianos, labora actualmente un 15.7% de esos inmigrantes y en el resto de la agricultura, un 18.6%., lo que supone que el 34.3% sigue vinculado a labores agrícolas.

En cuanto a la construcción se dedican, básicamente, a las labores menos calificadas, como mezcla, construcción de empalizadas y excavaciones. Representan una quinta parte de la fuerza laboral que se dedica a labores intermedias en la construcción, tales como ayudantes de albañiles, de carpintería o de empañetadores.

En la caña, el 90 por ciento se dedica al corte, aunque un 5.1% realiza labores diferentes, como carreteo, encargado de braceros, fontaneros y operadores de máquina. El 25% de las mujeres empleadas en este sector son jornaleras.

También hay fuerte presencia haitiana en otros cultivos, tales como café, arroz y guineos y menos determinantes en tabaco, cacao y frutos menores.

Su incorporación socioeconómica a nivel urbano no es tan conocida, pero destaca que la compleja red de actividades comerciales desarrolladas entre los dos países, ha incorporado a muchos inmigrantes a labores de servicios y en actividades por cuenta propia.

En ese sentido, el informe explica que el 68.3% de las mujeres y el 10.5% de los hombres en las zonas urbanas trabajan en casas de familia. El 51.5% de los hombres trabaja en las casas como sereno.

También han logrado insertarse en labores como jardinería, fotografía, sastrería, salones de belleza, motoconcho, gomeros y lustradores de zapatos.

EXCLUSION

El “Informe de Desarrollo Humano República Dominicana 2005” señala que los inmigrantes  haitianos son tres veces excluidos, ya que son sometidos a la exclusión socioeconómica, por el modo de vida y sociopolítica.

La mayoría enfrentan jornadas de trabajo largas, salarios bajos e inestabilidad en el empleo. Con condiciones de vida muy precarias  y la discriminación y marginación les restan capacidad para enfrentar las condiciones de trabajo injustas.

Tampoco tienen, en su gran mayoría, acceso a asistencia legal. “Constituyen un subproletariado excluido de los mecanismos reivindicativos y de solidaridad”. Aunque hay diferencias entre unos y otros, la mayoría pervive en condiciones de extrema pobreza, sobre todo, los de los bateyes.

Sin embargo, aclara que esta no es una situación exclusiva de los haitianos, sino que también los dominicanos de los estratos económicos más bajos “también sufren de privaciones, injusticias y carencias” similares a las de los haitianos.

El informe indica que el estatus migratorio irregular de la mayoría de los haitianos les perjudica a ellos y a sus hijos, perjuicio que se acentúa con la nueva Ley de Migración 285-04, que los caracteriza como extranjeros en tránsito, lo que les impide declarar a sus hijos como dominicanos, en virtud de lo que establece la Constitución de la República.