Hambre oculta  

Debió llegar la fecha en que se conmemora el Día Mundial de la Alimentación para descubrir que entre los dominicanos predomina la desnutrición. El problema, sin embargo, no es tema del discurso de un día, sino realidad que el diario vivir nos estruja en los ojos en todas partes.

Aunque no lo tienen escrito en el rostro, uno de cada cuatro dominicanos, es decir, 25% de la población, está afectado de desnutrición porque no consumen la cantidad y variedad adecuada de nutrientes necesarios para mantener un desarrollo saludable. En otras palabras, hay mucha gente que come todos los días, algunas más de una vez por día, pero no se alimentan correctamente.

Entre los dominicanos esta desnutrición tiene doble vertiente. La primera es económica, pues la mayoría de la población vive por debajo de la línea de pobreza y no tiene acceso a la cantidad y calidad de alimentos necesarios para una adecuada nutrición. La segunda es cultural, pues mucha gente con poder adquisitivo suficiente tiene malos hábitos alimenticios y termina llenándose, no nutriéndose adecuadamente.

Como el efecto del hambre oculta es desastroso para el desarrollo físico y mental de las personas, conviene que se adopten políticas nutricionales orientadas a compensar las deficiencias alimenticias de la población.

La escuela puede ser un buen laboratorio para iniciar un programa de nutrición en beneficio de níños y jóvenes, a través del desayuno y la merienda escolares. Esto supondría la inclusión en el desayuno y la merienda de vitaminas, minerales y proteínas en cantidades adecuadas para compensar la mala alimentación del hogar. No creemos que haya mejor manera de prevenir enfermedades y taras entre los futuros hombres y mujeres del país.

El Gobierno ha puesto en marcha, a través de su Gabinete Social, un programa denominado “Comer es primero”, mediante el cual se pretende mejorar el poder adquisitivo de familias pobres, como forma de combatir la pobreza. Sería de gran utilidad que, de alguna forma, este plan incorporara pautas nutricionales para atacar también la pobreza alimentaria, es decir el hambre oculta, de muchos dominicanos.

Con cuatro ojos En estos días ha estado sobre el tapete el tema de los damnificados de las regiones azotadas por la tormenta Jeanne, particularmente en el Este, el Noreste y el Noroeste. La Iglesia Católica y otros sectores afirman que no ha llegado ayuda suficiente, y el sector oficial dice lo contrario.

Una reseña sobre el desvío de millones de pesos en materiales de construcción remitidos a Nagua por el Gobierno nos sugiere que debe montarse una vigilancia estrecha, permanente, para todo lo que tenga que ver con manejo de ayuda para los damnificados. Si hubo desvío o sustracción de materiales de construcción, no hay que dudar que pueda ocurrir lo mismo con otro tipo de asistencia destinada a los damnificados.

El Gobierno ha hecho bien en disponer la supervisión de los trabajos encaminados a restablecer la comunicación vial en las zonas devastadas, pero entendemos que debe incluir, de manera específica, el mantenimiento de inventarios y seguimiento de todos los bienes destinados a las familias en dificultad. Hay que aguarle la fiesta a todos los que pretendan lucrarse de la tragedia humana. Que se vigile con celo.