Hamlet Hermann en el recuerdo

O2

Con la desaparición física este 19 de enero del creador y primer Director de la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET), se pierde un excelente técnico que presentaba y defendía proyectos viales para la solución del caótico tránsito vehicular en la ciudad de Santo Domingo. La principal causa es la falta de educación y la aplicación de penalidades, lo cual permite que los conductores realicen todo tipo de maniobras violando la Ley de Tránsito Terrestre, sin que los mismos sean, al menos amonestados o multados.
No entendemos, salvo que se dé por sentado, que el paradigma de los montoconchistas sean vistos por las autoridades como “padres de familia” y en consecuencia esto los libera del cumplimiento de la Ley. Es por eso, que ante la escasa vigilancia y sobre todo permisibilidad, los motoristas hacen lo que les viene en ganas. No respetan la luz roja de los semáforos, circulan en dirección contraria en vías de un solo sentido sobre todo los repartidores “deliveries”, que debido al escaso tiempo que están limitados para hacer la entrega, se suben por las aceras y serpentean en medio de un tráfico vehicular intenso, con aparente vocación de suicidas. Además, la inmensa mayoría, especialmente en carreteras y de noche, no llevan luz trasera poniendo en peligro sus vidas, ni tampoco llevan puesto el casco protector, que cuando lo portan, está enganchado en el timón sin que sean detenidos por los supervisores y patrullas de la AMET.
Siendo vecinos en Gascue, conversamos a menudo con el ingeniero Hermann y nos mostraba algunos de los proyectos que él entendía mejorarían la caótica situación que causa enormes taponamientos y cuellos de botella en calles de mucha circulación, como es el caso de la calle Dr. Defilló, que después de la Charles Sumner hacía el Norte, debido a su estrechez causa enormes dificultades para su tránsito ya que bordea el populoso barrio de Los Praditos.
Recordamos su proposición de la creación de peones camineros que serían asignados a tramos carreteros específicos, en los cuales darían mantenimiento a los mismos y cuando las reparaciones fuesen mayores a sus posibilidades, llevar a conocimiento tal anomalía al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).
Debemos lamentar su inesperada partida ya que estaba elaborando posibles soluciones al endemoniado tráfico vehicular capitaleño, el cual causa mucho estrés a los conductores, lo que además significa pérdidas de hombre/hora y un consumo innecesario de combustible. Según entendidos en la materia, estas dos causas significan millones de pesos para los usuarios.
La AMET estaría en la obligación de apresar aquellos conductores, que violando la ley instalan sirenas y otros artefactos para simular el paso de una ambulancia o una unidad de rescate, lo cual induce a que le otorguen paso privilegiado. También, existe la modalidad de algunos funcionarios o políticos prepotentes, que utilizan un teléfono para advertir a los encargados de vigilar el tránsito su premura por llegar a destino.
Es de rigor señalar, que los agentes de la AMET en horas pico, sin motivo aparente se convierten en semáforos vivientes, dando paso en luz roja por el tiempo que ellos estimen prudente, a un sector de la calle que ellos consideren prioritarios.
Un hecho que amerita inmediata solución es el de la circulación de camiones en vías estrechas, especialmente los recogedores de basura en horas pico, interrumpiendo el tránsito normal y creando malestar a los usuarios. En los países civilizados, la basura se recoge en altas horas de la noche o en la madrugada. Si se impide este nocivo e improcedente hábito, se verificará seguido, la fluidez del tránsito. Si las autoridades advirtieran a los diferentes alcaldes que tenemos en la ciudad, que enviando estos recogedores en horas de mayor tránsito, serían irremediablemente multados por contribuir a que no haya fluidez del tránsito.
Ingeniero Hermann, espero que desde lo ignoto ilumine nuestras autoridades de tránsito terrestre, para lograr un bienestar en una ciudad de conductores amargados, en donde un simple roce involuntario, puede degenerar en quitarle la vida a otro conciudadano.