¿Hasta cuándo?

Millizen Uribe

La semana pasada a una colega y amiga la llamaron del colegio de su hija para que la pasara a buscar porque tenía un fuerte dolor. Mi amiga fue y de inmediato acudió a la emergencia de una clínica cercana.
Al llegar preguntó si trabajaban con seguro y le respondieron que sí, por lo que procedió a explicarle que su hija tenía un fuerte dolor y pidió que la examinaran.
Sorprendentemente, lo primero que hicieron fue pedirle que lleve el seguro para autorizar. Mi amiga le explica que tiene una emergencia, que lo principal es atenderla y que en el proceso se pasa el seguro.
Ellos le respondieron que no y ella, y su hija adolorida, tuvieron que esperar 45 minutos debido a que, para colmo de males, en la clínica no lograban comunicarse con el seguro.
En el transcurso de ese tiempo llegó una unidad del Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911 con una persona accidentada y las circunstancias fueron muy similares: en la clínica también priorizaron el tema del seguro, pero en este caso era peor porque se trataba de un señor que se estaba desangrando.
La paramédico del 911 le pidió de favor que por los menos le pararan el sangrado, debido a que el accidentado se estaba “descompensando” por la pérdida de sangre, pero en el centro médico se negaron a proceder sin concluir el trámite del seguro, por lo que la joven paramédico tuvo ella misma que atender el paciente que se estaba desangrando mientras en la clínica solo miraban.
Finalmente mi amiga y su hija tuvieron que marcharse para otra clínica, no sólo con el dolor con que llegó la nena, sino también con la duda de la suerte que correría el señor, quien no andaba con acompañante.
Lamentablemente, este es apenas un caso entre muchos. Pero, ¿Cuántas personas mueren diariamente porque se les niega atención médica? En estos días una familia denunció que su pariente, un joven, murió en la puerta de un centro médico que no lo recibió.
Ante casos como esto uno lamenta que en República Dominicana siga prevaleciendo la idea y la práctica de que la salud es un negocio y que se juegue con la vida de las personas como si nada valieran, algo que contraviene totalmente el precepto constitucional de que es un derecho y que su acceso de calidad y gratuito debe ser posible para todos.
Entonces uno se pregunta: en este desorden llamado país, ¿Quién regula, de verdad, ese tipo de “clínica”? ¿Quién vela por la vida de la niña, del señor y del joven? ¿Hasta cuándo ser dominicano y habitar en esta media isla no será garantía de derechos? Esto tiene que cambiar y cuanto antes, ¡mejor!