“Hay hambre y no hay trabajo”: el clamor de los pobres en Honduras

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TEGUCIGALPA, AFP. Al pie de una montaña de basura donde dos niños engullen trozos de embutidos disputados a los buitres, Elisa pide al gobierno que elegirá Honduras el domingo ver esa desgarradora realidad: “Hay hambre y no hay trabajo. Hay que venir aquí”, dice mirando a sus hijos.

Desde muy temprano, cada día y desde hace tres años, Elisa Vásquez, de 35 años, hurga con sus niños en las camionadas de desechos que descargan en el Crematorio Municipal de Tegucigalpa, buscando cartones, botellas y harapos para vender… y algo para comer.

“Nadie del gobierno ha venido, no hay ayuda. Cuando uno se halla atribulado, porque no se consigue trabajo, uno tiene que venir aquí”, dice a la AFP esta mujer pequeña, que intenta protegerse del sol enfundada en una sudadera marrón.

Un gorro cae sobre su rostro sucio de mirada infinitamente triste. Va con sus dos hijos más grandecitos, de 12 y 14 años. “Si vengo sola no hago nada en el día.

Tengo que venir con ellos para poder llevar algo a la casa”, dice. A los más chicos los deja con una vecina en Campo Cielo, uno de los barrios que forman los cinturones de miseria colgados de las colinas de Tegucigalpa.

Unas 400 personas, muchas familias enteras, se rebuscan la vida en ese deprimente y maloliente lugar, de donde con suerte sacan unas 150 lempiras al día (5 dólares), disputándose el espacio con docenas de perros y vacas famélicas que llegan a alimentarse de los desperdicios.

“Ni por uno ni por otro”. A través de un tapabocas que improvisó con un trozo de tela blanca enmugrecida, Estéfany Berríos, de 20 años, abre grandes sus ojos pardos y expresa con seguridad: “Necesitamos trabajo, ya estamos hartos de tocar puertas. Han pasado varios gobiernos y mire este lugar, ni agua nos vienen a dar”.

Honduras es uno de los cuatro países más pobres de América Latina, junto con Haití, Bolivia y Nicaragua: Un 71% de sus 8,4 millones de habitantes vive en pobreza, un 53% en miseria y el desempleo alcanza niveles del 40%, según la ONG local Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo (Fosdeh).

Pese al tétrico panorama, los ocho candidatos presidenciales dejaron en el segundo plano la lucha contra la pobreza en sus ofertas electorales, y se concentraron en el combate al crimen organizado.

Este es el país sin conflicto bélico más violento del mundo, con 85,5 homicidios por cada 10.000 habitantes, diez veces la media mundial. De los dos favoritos, el oficialista Juan Orlando Hérnández promete fogones, letrinas y techos de zinc para mejorar las casas de los pobres; la izquierdista Xiomara Castro, esposa del derrocado presidente Manuel Zelaya, proyectos de seguridad alimentaria y estímulo a la agricultura.

“Ojalá el que salga sea un gobernante que mejore la comida y acabe la delincuencia, ya uno no puede ni salir de su casa porque da terror. Hay mucho ladronismo (corrupción)”, dice Jesús Turcios, sonando la campana de su carrito de helados que vende para saciar la sed de los popularmente llamados “pepenadores”.

María Moreno dice que no va a votar “ni por uno ni por otro”. Trabaja desde hace 18 años en el basurero y así ha mantenido a sus 14 hijos: “Siempre es la misma pobreza. Son lo mismo, el que sale o el que entre. Mire cómo estamos”, se queja la mujer, de 52 años.