Hay que atajar la tasa de cambio

No hay mayor objetivo de política económica en la actualidad que frenar el crecimiento de la tasa de cambio y la única forma es enfrentar las causas que producen la inestabilidad a saber: Las expectativas negativas o el déficit de confianza en el gobierno, el manejo oligopólico por parte de los mayoristas del dólar y las emisiones monetarias inorgánicas.

La crisis de confianza en el futuro económico del país, en la estabilidad de la moneda y en la habilidad de las autoridades para retornar al equilibrio macroeconómico ha sido causa eficiente de una fuga de capitales que parcialmente puede cuantificarse su magnitud en el primer semestre de este año con un incremento de los depósitos en el exterior por US$896.3 millones, según atestigua el informe del Banco Central, más US$463.1 millones en la partida “errores y omisiones” de la balanza de pagos que también es un reflejo de la fuga de capitales o de la subvaluación de importaciones. Obviamente que esta sangría de recursos, capaz de cambiar el signo del resultado de la balanza de pagos, a pesar del superávit en cuenta corriente por US$464.3 millones, necesariamente se manifiesta en una depreciación del tipo de cambio y a su vez en una depreciación en el ingreso y la calidad de vida de las mayorías.

Hace unos meses era suficiente un acuerdo con el Fondo Monetario para lograr mejores cotas en los niveles de credibilidad en la gestión del gobierno y de hecho, las negociaciones culminadas el pasado mes de julio contribuyeron a quitar presiones a los mercados cambiarios, pero gracias a la brillante idea de recomprar los apagones a Unión Fenosa, se rompió momentáneamente el acuerdo y los mercados cambiarios volvieron a desestabilizarse. Ahora, para intentar convencer a los agentes económicos y a la comunidad financiera internacional del compromiso gubernamental con la estabilidad macroeconómica, será necesario otro acuerdo con el FMI y que el Presidente renuncie a sus aspiraciones a la repostulación y la reelección, condición fundamental para que pueda dedicarse a la tarea exclusiva de gobernar para restablecer el equilibrio de la economía.

En un escenario de inestabilidad, en donde cualquier empresario de las divisas puede agenciarse varios millones de pesos adicionales en menos de 24 horas, es perfectamente racional que el oligopolio que detenta el comercio de la divisa establezca acuerdos internos, fije tasas a partir de una hora determinada, compre a la baja para vender al alza y otros tipos de manipulaciones que les permita maximizar sus beneficios. En las circunstancias actuales un mayorista del dólar puede obtener uno o dos millones de pesos adicionales, simplemente posponiendo un día o dos una operación que implique un millón de dólares.

Es verdad que en la última década, en un ambiente de estabilidad, resultaba imposible manipular la tasa de cambio, pero ahora, con las incertidumbres y la desconfianza, es posible manejar hasta ciertos límites la cotización del dólar con la finalidad de obtener mayores márgenes y financiar el incremento de capital requerido para seguir operando en un negocio que demanda una mayor cantidad de pesos.

Las autoridades pueden perfectamente controlar estas maniobras y reducir su impacto monitoreando las operaciones, enviando inspectores de forma aleatoria y aplicando sin contemplaciones la resolución que obliga a los agentes del mercado a vender al Banco Central los sobrantes de divisas al cerrar sus operaciones en la tarde.

El otro ingrediente, quizás el más difícil de controlar, es la constante emisión de dinero inorgánico, fruto del auxilio a los bancos o del pago de los intereses a los certificados, pero lo cierto es que la colocación de estos instrumentos de captación son insuficientes para corregir el aumento del financiamiento interno y el resultado es un incremento constante en el medio circulante y la emisión monetaria. Para muestra invito al lector a chequear los indicadores monetarios y financieros del Banco Central en su página de Internet (bancentral.gov.doindicadores.html) y encontrará un aumento del financiamiento interno por un monto de RD$4,952.4 millones, al pasar de RD$86,630 en septiembre a RD$91,582.4 millones en octubre, mientras los valores en circulación (certificados) se redujeron en RD$2,247.1 millones. El resultado fue un incremento en el medio circulante por RD$2711.1 millones, RD$8,678.6 en la emisión monetaria, pero lo más preocupante de RD$2,192.5 millones en los billetes emitidos, vale decir que en un solo mes la masa monetaria en la calle aumentó en dos mil millones de pesos.

Este gobierno debe enfrentar las variables que están provocando la depreciación de nuestra moneda o de lo contrario inexorablemente la economía dominicana caminará directo a la profundización de la crisis financiera, a mayores devaluaciones y la hiperinflación, por supuesto en un escenario de esa índole, con sectores que tocaron fondo y no resisten mayores ajustes y alzas en los precios, no se pueden descartar pobladas y cataclismos sociales.