Hay que detener la invasión haitiana

Varios amigos y lectores de esta columna semanal me han solicitado, repetidas veces, emitir mi opinión acerca del problema de la ocupación continua de los emigrantes ilegales haitianos hacia nuestro territorio y hasta el día de hoy me había negado, pese a que durante los primeros años de inicio del ejercicio de mi profesión de Ingeniero Civil, los realicé a todo lo largo de nuestra frontera con el país, que siempre nos ha agredido y, además, fui por algún tiempo Embajador Encargado de asuntos haitianos de nuestra Cancillería, desde cuya posición y con la aprobación del Presidente Balaguer y el respaldo del canciller, pude contribuir a reducir los visados de ilegales que solían cruzar nuestras fronteras con documentos falsos de manera significativa y esto fue posible por la asistencia de los militares de ese lugar, pero después de tantos años transcurridos, creo que la mejor solución está si la OEA y los demás países interesados por el futuro de Haití, (sólo de palabras), pero demasiados parcializados en contra de República Dominicana, se decidieran en copiar lo que la comunidad de países europeos están tratando de hacer con los más de 40,000 emigrantes, que están llegando desde África y otras latitudes hacia Italia y España, por solo mencionar a estos dos países, y si entre EE. UU., Francia y Cánada se distribuyeran los más de 200,000 haitianos que anualmente vienen azotando tierras dominicanas desde hace varios años. Si hicieran esto, harían el más grande acto de humanidad, pero dudo sinceramente que se encarguen de esa noble misión, ya que el reto es demasiado grande; sin embargo, la OEA, y demás naciones pretenden que República Dominicana siga asumiendo el destino de los haitianos, cuando en manos de ellos está la solución de ese problema que, cada día que pasa el país viene soportando, además de las parturientas haitianas que entran en a dar a luz en los hospitales dominicanos, sin costo alguno, ignorando RD si por estos niños y niñas haitianos sus padres exijan la nacionalidad dominicana o que, quizás, luego se origine el deseo de convertirse en presidentes de República Dominicana.