Hay que poner pies sobre tierra

El Grupo Punta Cana es referente ineludible al valorar la expansión y el éxito de la explotación del turismo en el país. Su presidente, Frank Rainieri, encarna un liderazgo empresarial de larga data, que le da autoridad y visión suficientes para ver cómo se perfilan las expectativas del turismo regional en función de los cambios geopolíticos. Y hay que ponerle caso cuando advierte que problemas como la inseguridad, las deficiencias en salubridad, y un transporte monopolizado y caro, que lastra los costos empresariales, entre otros factores, podrían hacer que perdamos competitividad ante Cuba, que no acusa esas desventajas comparativas y que, aunque siempre ha estado abierta al turismo, se coloca ahora ante expectativas de desarrollo extraordinarias.

Para un potencial inversionista, Cuba resultaría atractiva por esas ventajas comparativas. Para un inversionista establecido en nuestro país, la no solución de los problemas de inseguridad e insalubridad, por citar solo esos dos, podría hacerle pensar en Cuba como lugar de traslado. Necesitamos poner los pies sobre la tierra ante realidades tan contundentes como las que señala con toda propiedad el presidente del Grupo Punta Cana. O nos esforzamos por mejorar esos aspectos deficientes y hacer más diversa y tentadora nuestra oferta turística, o nos exponemos a perder mucho de lo que hemos logrado conquistar sin un competidor tan cercano y aventajado.

HAY QUE VER EL PERJUICIO AJENO

En estos días Fenatrado se ha estado quejando porque camiones de sus afiliados han vuelto a ser atacados por bandas en Haití. Es una queja legítima ante un perjuicio real para los intereses de esa federación de empresas de transporte identificadas como sindicatos. Sin embargo, cuando son los empresarios locales los agredidos por las prácticas monopólicas de esa federación, entonces es otro gallo el que nos canta.

De la misma manera que es válido el reclamo de respeto para la integridad de los transportistas de Fenatrado que llevan carga a Haití, lo es también para el respeto que merecen los empresarios locales en su libertad de escoger los medios de transporte de su preferencia y conveniencia. La fuerza, el abuso, de cualquier naturaleza y de donde quiera que provengan, terminan pisoteando derechos de unos y otros.