Hay que salvar a los refugiados iraquíes del desastre de Irak

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Comentario Editorial
Siguiendo de cerca los talones al desastre que le ha acaecido a Irak como resultado de la invasión liderada por Estados Unidos hace cuatro años está la peor crisis de refugiados del Oriente Medio desde el éxodo masivo de palestinos, que resultó del violento nacimiento del Estado de Israel en 1948.

Además de los descomunales atentados con carros bombas de ayer, los iraquíes son presa de la anarquía y la guerra sectaria que todavía cobra miles de vidas todos los meses.  A pesar de los intentos de las fuerzas de ocupación de dar un vuelco a la marea de violencia y responsabilidad por la seguridad de los iraquíes, la limpieza etno-sectaria desarrollada por los sunitas, insurgentes chiítas musulmanes y las milicias se está acelerando. Cerca de 50,000 iraquíes huyen de sus casas todos los meses, obligados a partir a punta de pistola o atrapados en el fuego cruzado, incapaces de trabajar o enviar sus hijos a la escuela, o son despojados de las necesidades más básicas como el agua y la electricidad.

En lugar de traer la democracia a Irak y al mundo árabe, la invasión de 2003 ha dispersado a los iraquíes por todo el oriente Medio. Cerca de 4 millones han sido desarraigados por la conmoción –cerca de uno de cada siete, pero según las tendencias recientes, es probable que sea uno de cada cinco al finalizar este año. La respuesta internacional a esta catástrofe ha sido una vergüenza.

Para empezar, los países más responsables de este caos –EEUU y el RU– no han hecho casi nada para aliviarlo. Mientras que los vecinos de Irak han sido superados por las cifras de refugiados –en particular Jordania y Siria, con un millón o más en cada caso– EEUU ha aceptado exactamente 466 iraquíes desde 2003. El récord de Gran Bretaña no es mejor.

Por segunda vez este año, Antonio Gutiérrez. El Alto Comisario para los Refugiados de las Naciones Unidas, ha hecho sonar la alarma, esta vez, después que los vecinos de Irak cerraran las puertas a cualquier flujo externo, dejando cerca de 1,9 millones de iraquíes desplazados internamente, a merced de la carnicería sectaria –a menos que tengan una milicia que los proteja. En una reunión global sobre la crisis en Ginebra esta semana, clamó por “una solidaridad auténtica y ayuda generosa” para descabezar el desastre.

Esto no será posible si EEUU y el RU continúan comportándose como si abordar este problema fuera un equivalente de admitir el fracaso. Los funcionarios estadounidenses y británicos actúan como si los iraquíes debieran agradecerles la democracia que les han regalado y debieran continuar construyendo su país.

Sobre esto no hay espacio para el debate. Los países ocupantes tienen el deber de proteger a los refugiados que crearon sus políticas exteriores mal encaminadas. Deberían ayudar a los vecinos de Irak a lidiar con los refugiados, darles protección con carácter de urgencia a los iraquíes desplazados y atrapados dentro de las fronteras de Irak, y abrir sus propias fronteras hasta que la crisis concluya.

Todo esto costaría en comparación con los más o menos US$280 millones diarios que gasta la ocupación. El costo y la corrosión moral de y para la reputación de Estados Unidos y Gran Bretaña, si no lo hacen, no es mensurable.